Geopolítica

Israel ofrece "paz y normalización", pero pone una condición innegociable: el desarme de Hizbulá

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Jerusalén/Washington.– A pocas horas de que los embajadores de Israel y el Líbano se sienten por primera vez en más de cuatro décadas en una mesa de negociación directa, el ministro de Exteriores israelí, Gideon Saar, lanzó un mensaje que combina apertura diplomática y firmeza estratégica. "Israel quiere alcanzar la paz y la normalización con el Líbano", declaró en rueda de prensa en Jerusalén. Pero la oferta tiene un precio: el desmantelamiento del grupo chií Hizbulá.

"Israel y el Líbano no tienen grandes disputas entre sí. El problema es Hizbulá", enfatizó Saar, en una frase que resume décadas de conflicto. El ministro recordó que el gobierno libanés se comprometió en su día a desarmar a la milicia, y señaló que Israel está dispuesto a cooperar para lograr ese objetivo. "Podemos hablar sobre los términos de un acuerdo marco para el futuro, pero recordemos siempre que el problema para la seguridad de Israel es el problema para la soberanía del Líbano: Hizbulá", insistió.

Una reunión con ausencia notable: Hizbulá no está en la mesa

La cita en Washington, que contará con la participación del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, es un hito diplomático. El embajador israelí Yechiel Leiter y su homóloga libanesa Nada Hamadeh Moawad se reunirán seis semanas después del inicio de una guerra que ha dejado más de 2.000 muertos en el Líbano. Las conversaciones se producen además siete días después del alto el fuego entre Estados Unidos e Irán, del que Beirut ha preferido desvincularse para mantener una postura independiente.

Sin embargo, la sombra de Hizbulá es alargada. El grupo chií, que tiene una enorme influencia política y militar en Líbano, no participará en las conversaciones. Su líder, Naim Qassem, ya calificó el domingo las negociaciones directas con Israel como una "humillación" y un acto de "rendición". La ausencia de Hizbulá plantea una pregunta incómoda: ¿puede el gobierno libanés comprometerse a desarmar a una milicia que es, en la práctica, un Estado dentro del Estado?

El dilema libanés: soberanía frente a presión internacional

Para el presidente libanés, Joseph Aoun, la reunión de Washington es una oportunidad para mostrar a la comunidad internacional que Beirut apuesta por la diplomacia. Pero también es una apuesta arriesgada. Si se acerca demasiado a las exigencias israelíes, Hizbulá lo tildará de traidor. Si no avanza, perderá el respaldo occidental. La guerra, que comenzó el 2 de marzo, ha dejado más de 2.000 muertos en Líbano, según cifras no oficiales, y ha desplazado a cientos de miles de personas.

Saar fue claro: "El problema debe abordarse para poder pasar a una fase diferente". Esa fase diferente, en la visión israelí, es un Líbano sin Hizbulá, o al menos con una milicia desarmada y desactivada. Pero el grupo chií no solo es una fuerza militar, sino un partido político con representación parlamentaria y apoyo popular entre la comunidad chií. Desarmarlo sería un terremoto político.

Estados Unidos, el árbitro con intereses propios

La presencia de Marco Rubio en la reunión subraya el papel de Estados Unidos como mediador, pero también como actor con intereses estratégicos. Rubio, conocido por su postura dura contra Irán y Hizbulá, ha sido un firme partidario de Israel. Su participación es una garantía para Tel Aviv y una advertencia para Beirut: Washington no tolerará que el gobierno libanés se pliegue a las exigencias de la milicia.

La reunión de Washington es un primer paso, un reconocimiento mutuo de que el diálogo es preferible a los bombardeos. Pero el camino hacia la paz es largo y está lleno de obstáculos. Hizbulá ya ha advertido: no aceptará una rendición. Y sin Hizbulá, cualquier acuerdo será papel mojado. Israel ofrece paz y normalización, pero a cambio de algo que Líbano, por ahora, no puede entregar. El mundo observa. Las balas, mientras tanto, siguen silbando en la frontera. La historia, esta vez, se escribe en Washington. Pero su final, como siempre, se decidirá en Beirut.