Teherán/Washington.– La calma tensa en el Golfo Pérsico se rompió este domingo con un nuevo pulso verbal entre Irán y Estados Unidos. La Guardia Revolucionaria iraní rechazó categóricamente las afirmaciones del presidente Donald Trump de que su país ha bloqueado el estrecho de Ormuz y advirtió que cualquier buque militar que se acerque a la estratégica vía marítima será considerado una violación del alto el fuego y recibirá una "respuesta contundente".
"La Armada de la Guardia Revolucionaria Islámica anuncia que, contrariamente a las falsas afirmaciones de algunos funcionarios enemigos, el estrecho de Ormuz está bajo control y gestión inteligentes, abierto al paso inocuo de buques civiles y sujeto a regulaciones específicas", afirmó el cuerpo de élite en un comunicado recogido por la agencia Tasnim.
La declaración iraní es una respuesta directa a Trump, quien horas antes había asegurado que Estados Unidos "bloqueará todos y cada uno de los buques" que intenten entrar o salir del estrecho pagando peaje a Irán, y que retirará las minas colocadas por la República Islámica en la zona.
"Cualquier acercamiento militar será respondido"
La advertencia iraní no deja espacio a la ambigüedad. "Cualquier embarcación militar que, bajo cualquier pretexto o justificación, intente aproximarse al estrecho de Ormuz será considerada una violación del alto el fuego y será objeto de una respuesta contundente", subrayó la Guardia Revolucionaria. La frase "respuesta contundente" es un eufemismo que en la jerga militar iraní significa acción directa, posiblemente con misiles o lanchas rápidas.
El estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del petróleo mundial, ha sido un punto de fricción constante desde el inicio de la guerra entre Irán y Estados Unidos e Israel el pasado 28 de febrero. Teherán restringió el tránsito al comienzo del conflicto, permitiendo solo el paso a buques de países que considera amigos (como China). Luego, como parte del alto el fuego de dos semanas acordado a principios de abril, se implementó un "protocolo de paso seguro" coordinado con las Fuerzas Armadas iraníes.
Pero Trump, insatisfecho con la lentitud de la reapertura, ha decidido tomar cartas en el asunto. Su anuncio de bloquear el estrecho y retirar las minas es una declaración de guerra en toda regla, aunque enmarcada en la retórica de "limpieza" que ya había utilizado días atrás.
Las negociaciones de Islamabad, al borde del abismo
La escalada verbal se produce apenas 24 horas después de que las delegaciones de Estados Unidos e Irán concluyeran en Islamabad una maratónica ronda de 21 horas de negociaciones sin lograr un acuerdo. Los puntos de fricción siguen siendo los mismos: el programa nuclear iraní (Washington exige "cero enriquecimiento", Teherán defiende su derecho a fines pacíficos) y la reapertura del estrecho (Irán insiste en mantener un sistema de peajes y control, EE.UU. exige paso libre).
Trump, fiel a su estilo, ha decidido no esperar a que la diplomacia dé frutos. Su anuncio de bloquear el estrecho es una presión máxima sobre Irán, pero también una provocación que podría romper la frágil tregua. La Guardia Revolucionaria ya ha dejado claro que cualquier movimiento militar estadounidense será considerado una violación del alto el fuego.
El mundo, ante un nuevo precipicio
El estrecho de Ormuz es la arteria energética del planeta. Un enfrentamiento militar allí no solo reavivaría la guerra, sino que provocaría un colapso inmediato de los precios del petróleo, una recesión global y una crisis humanitaria de proporciones bíblicas. Por ahora, los petroleros siguen anclados, los misiles están en sus silos y los diplomáticos, en sus capitales, esperando que la razón se imponga. Pero las declaraciones de Trump y la respuesta de Irán no invitan al optimismo. El pulso continúa. Y el mundo, una vez más, contiene la respiración.