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Bukele insiste en enviar los presos de El Salvador a Colombia mientras arremete contra Petro

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San Salvador/Bogotá.– El pulso entre dos presidentes latinoamericanos se intensifica. Nayib Bukele, mandatario salvadoreño, volvió a encender la mecha este sábado al reiterar que "la oferta" de trasladar a los presos de su país a Colombia "sigue abierta". La declaración, publicada en X, es la respuesta a una nota del noticiero colombiano Noticias Caracol que reveló que en una cárcel del municipio de Itagüí —donde se resguardan a los principales cabecillas de bandas delincuenciales de Antioquia— se realizaron fiestas con artistas invitados.

"Ahora entiendo el porqué de sus críticas al CECOT (Centro de Confinamiento del Terrorismo): se estaba anticipando a esto", escribió Bukele, en clara alusión al presidente colombiano Gustavo Petro, quien días antes había calificado las cárceles salvadoreñas como "campos de concentración". Y añadió con sorna: "Siempre es lo mismo; todos los que defienden delincuentes terminan teniendo una agenda oscura detrás".

La oferta: "Si decide llevárselos, la pasarán mejor en sus cárceles"

Bukele no solo criticó, sino que repitió la propuesta que ya había lanzado el martes pasado: "Por cierto, la oferta sigue abierta. Si decide llevárselos (a los presos), definitivamente la pasarán mejor en sus cárceles". En aquel entonces, el mandatario salvadoreño había ofrecido trasladar a Colombia al "100%" de los detenidos, "incluyendo a los llamados presos políticos", en respuesta a las duras declaraciones de Petro.

El lunes, el presidente colombiano había afirmado que en El Salvador hay "personas presas inocentes" y que las cárceles de ese país son "campos de concentración de población civil" donde se está "matando en vida" a miles de jóvenes. Petro se refería al régimen de excepción vigente en El Salvador desde marzo de 2022, que ha permitido la detención de más de 91.000 personas, de las cuales el propio Bukele ha reconocido que al menos 8.000 son "inocentes".

El CECOT, la megacárcel que es orgullo de Bukele y horror de las ONG

El Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT), inaugurado en 2023, es la joya de la política de seguridad de Bukele: una megacárcel con capacidad para 40.000 reclusos, donde los pandilleros viven en celdas sin ventanas, duermen en colchonetas en el suelo y son sometidos a un régimen de aislamiento y control férreo. Bukele defiende el modelo como la única manera de derrotar a las maras. Las organizaciones de derechos humanos, en cambio, han documentado más de 6.400 denuncias de violaciones a derechos humanos y al menos 512 muertes en custodia estatal.

Un panel de abogados internacionales presentó un informe ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y la ONU en el que afirma que en El Salvador se podrían estar cometiendo crímenes de lesa humanidad.

El trasfondo: una disputa ideológica entre dos modelos de gobierno

El cruce entre Bukele y Petro no es un simple desencuentro diplomático. Es el choque de dos visiones opuestas sobre el Estado, la seguridad y los derechos humanos. Bukele, el líder populista de derecha que ha concentrado el poder y utilizado el ejército contra las pandillas, con altos niveles de aprobación popular. Petro, el izquierdista que propone una "paz total" con los grupos armados en Colombia, y que critica abiertamente las violaciones a los derechos humanos en la región.

La oferta de Bukele de enviar presos a Colombia es, en el fondo, un gesto provocador: una invitación a que Petro ponga en práctica sus principios y acoja a los reclusos salvadoreños que, según él, son víctimas de un Estado opresor. Petro no ha respondido oficialmente a la nueva arremetida de Bukele, pero su silencio no es necesariamente una rendición.

Una guerra de declaraciones que refleja fracturas regionales

América Latina observa con atención este intercambio. No es la primera vez que Bukele y Petro chocan, y probablemente no será la última. Mientras El Salvador celebra la caída de los homicidios, las ONG denuncian un Estado policial. Mientras Colombia intenta negociar con los grupos armados, Bukele ofrece su modelo represivo como receta exportable.

La oferta "sigue abierta", dice Bukele. Pero Petro, que tiene sus propios problemas de seguridad en las cárceles colombianas (como las fiestas de Itagüí), no parece dispuesto a aceptar el envite. Por ahora, la guerra es de palabras. Pero en la región, donde las ideologías se enfrentan y los derechos humanos están en el centro del debate, cada declaración es una bala más en un conflicto que no tiene fecha de caducidad.