Tokio/Beirut.– Mientras la tregua entre Estados Unidos e Irán se desmorona en la práctica con los bombardeos israelíes sobre Beirut, Japón ha alzado la voz. Este viernes, el ministro de Exteriores nipón, Toshimitsu Motegi, exigió un "cese inmediato" de las hostilidades entre Israel y el partido-milicia chií Hezbolá, en una ofensiva que ya ha dejado más de 300 muertos en Líbano desde el inicio de la frágil pausa acordada entre Washington y Teherán.
"Para evitar un mayor deterioro de la situación, Japón exige el cese inmediato de las hostilidades entre Israel y Hezbolá, e insta encarecidamente a todas las partes a cumplir con el Derecho Internacional", reza el comunicado oficial. Motegi también pidió "la máxima moderación" y "esfuerzos sinceros para lograr una solución diplomática", con el fin de evitar una escalada que ya amenaza con extenderse por toda la región.
Condena a los ataques contra la UNIFIL: "Inaceptable"
El jefe de la diplomacia japonesa expresó su "seria preocupación" ante la operación terrestre de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) en el sur de Líbano, que se produce "en medio del llamamiento de la comunidad internacional a la moderación". Además, exigió que se respete la soberanía e integridad territorial de Líbano.
Pero el punto más álgido de su intervención fue la condena a los ataques contra los 'cascos azules' de la Fuerza Provisional de Naciones Unidas para Líbano (UNIFIL), después de que tres de ellos perdieran la vida a finales de marzo en bombardeos israelíes. "Los ataques contra el personal de la ONU son inaceptables y Japón condena toda amenaza a la seguridad de la UNIFIL", sentenció Motegi, antes de expresar sus condolencias por el fallecimiento de los tres pacificadores.
El respaldo internacional crece: más de 70 países condenan la ofensiva
Las declaraciones de Tokio se suman a un creciente coro de condenas internacionales. En las últimas horas, más de 70 países se han pronunciado contra los ataques a la población civil y a los cascos azules en Líbano. La comunidad internacional, que había recibido con alivio la tregua de dos semanas entre EE.UU. e Irán, ve ahora cómo el conflicto se reaviva en el frente libanés con una virulencia inesperada.
Irán, por su parte, ha dejado claro que las negociaciones con la parte estadounidense dependen de que el alto el fuego se extienda también a Líbano. Teherán insiste en que no puede haber una paz separada mientras su aliado Hezbolá sigue siendo bombardeado. La exigencia iraní complica aún más los esfuerzos diplomáticos, pues Israel se ha negado rotundamente a incluir a Líbano en la tregua.
Japón, un actor inesperado en la diplomacia de Medio Oriente
La intervención de Japón, tradicionalmente un actor discreto en el tablero de Medio Oriente, refleja la creciente preocupación global por la deriva del conflicto. Tokio, que depende en gran medida de las importaciones de petróleo de la región, ve con alarma cómo el estrecho de Ormuz vuelve a cerrarse y los precios del crudo se disparan. Pero más allá de los intereses energéticos, el comunicado de Motegi es un llamado a la humanidad: las bombas israelíes no distinguen entre combatientes de Hezbolá y civiles libaneses, y los cascos azules de la ONU, que deberían ser intocables, han caído bajo el fuego.
Mientras los diplomáticos negocian en Islamabad y las capitales occidentales guardan silencio, Japón ha roto la fila. Su exigencia de un "cese inmediato" de las hostilidades no es solo una declaración de principios, sino una advertencia: la guerra en Líbano amenaza con desestabilizar todo Oriente Medio y, con ello, la economía global. El mundo observa. Y Tokio, desde su distancia geográfica, ha dicho basta. La pregunta ahora es si Israel y Hezbolá escucharán. Los muertos, mientras tanto, siguen acumulándose en las calles de Beirut.