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Siria y Ucrania sellan un inesperado acuerdo en materia de seguridad

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Damasco.– En una maniobra que combina la geopolítica más audaz con la urgencia de la guerra, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, viajó este domingo por sorpresa a Damasco, en su primera visita oficial a Siria desde la caída del régimen prorruso de Bashar al Assad en 2024. El encuentro con el presidente interino sirio, Ahmad al Shara, marca un nuevo capítulo en la diplomacia de guerra de Kiev, que busca tejerse alianzas en Oriente Próximo mientras combate la invasión rusa y observa con preocupación el conflicto que desangra a Irán.

"Ucrania fue de los primeros en apoyar una nueva Siria tras la caída del régimen de Assad. Estamos dispuestos a seguir apoyando la estabilidad y el desarrollo", escribió Zelenski en X, tras una reunión en la que ambos líderes discutieron "cómo superar las consecuencias de la guerra" y "el proceso de negociación en relación con la guerra de Rusia contra nuestro Estado".

La cita en Damasco no es un hecho aislado. Llega después de que Zelenski visitara Turquía el sábado y realizara una gira por los países del Golfo la semana pasada, con la guerra de Irán como telón de fondo. En cada escala, el presidente ucraniano ha intentado cerrar acuerdos de seguridad, intercambiando la experiencia de Ucrania en guerra con drones por misiles de defensa antiaérea que tanto necesita.

El doble juego sirio: aliado de Rusia, pero abierto a Ucrania

La paradoja de esta visita es que Siria, bajo el nuevo liderazgo de Al Shara, mantiene intactas las bases militares rusas en su territorio. Moscú cuenta con dos joyas geopolíticas en la costa mediterránea siria: la base aérea de Jmeimim y el puerto de Tartus. Desde Tartus, la armada rusa opera su "fuerza permanente en el Mediterráneo", un puesto avanzado que le permite proyectar poder en Oriente Medio, el norte de África y el sur de Europa. Jmeimim, por su parte, es un centro logístico clave para las operaciones rusas en África.

Cuando Turquía cerró el Bósforo a los buques de guerra extranjeros en marzo de 2022, Tartus se convirtió en una tabla de salvación para la presencia naval rusa en el Mediterráneo. Sin esa base, Moscú habría quedado prácticamente aislado del mar.

Sin embargo, Al Shara ha demostrado ser un equilibrista. En enero de este año se reunió con Vladimir Putin, y hasta ahora no ha pedido a Rusia que retire sus tropas. Pero al mismo tiempo, recibe a Zelenski y habla de "fortalecer la cooperación económica y el intercambio de conocimiento". El líder interino sirio sabe que todas las armas en su país son rusas, como él mismo admitió en abril de 2025, y que necesita a Moscú para mantener su frágil estabilidad. Pero también necesita socios internacionales para romper el aislamiento y reconstruir una economía devastada por más de una década de guerra civil.

El interés ucraniano: más allá de los misiles antiaéreos

A diferencia de los países del Golfo, que disponen de modernos sistemas antibalísticos, se cree que Siria no puede ofrecer a Ucrania tecnología de defensa antiaérea avanzada. Entonces, ¿qué busca Zelenski en Damasco?

La respuesta podría estar en el simbolismo y en la influencia. Al estrechar lazos con Siria, Ucrania presiona indirectamente a Rusia en un frente donde Moscú tiene intereses estratégicos vitales. Además, Siria podría servir como plataforma para que Ucrania acceda a otros actores de la región, o como un canal para intercambiar tecnología de drones —en la que Ucrania es experta— por otro tipo de apoyos, quizás de inteligencia o logísticos.

También está el factor Irán. Siria es vecina y aliada tradicional de Teherán, aunque el nuevo gobierno de Al Shara ha tratado de distanciarse del régimen de los mulás. En medio de la guerra que enfrenta a Irán con Estados Unidos e Israel, cualquier movimiento en Damasco tiene repercusiones en todo el tablero regional.

El extraño caso de Al Assad: rehén en Moscú

Un detalle inquietante que flota en las conversaciones es la petición de Al Shara a Rusia para que extradite a Bashar al Assad, el dictador derrocado que ahora vive exiliado en Moscú. El líder sirio ofreció mantener las bases militares rusas a cambio de que Assad fuera juzgado en su país. Moscú se negó. Pero la mera existencia de esa negociación revela que Damasco está dispuesto a jugar sus cartas con dureza.

Por ahora, Zelenski se marcha de Siria sin grandes anuncios de acuerdos militares. Pero la imagen de los dos presidentes estrechando manos en Damasco ya ha dado la vuelta al mundo. Es un mensaje: Ucrania está dispuesta a llegar hasta donde sea necesario para aislar a Rusia, incluso a las puertas de sus bases militares.

Y para Siria, la visita es una carta de presentación en el complejo tablero de la nueva Guerra Fría: ya no es solo el patio trasero de Moscú o Teherán; es un país que busca amigos en todos los bandos, mientras intenta sobrevivir a su propia tormenta. El viaje de Zelenski, en pleno Domingo de Resurrección, no fue una casualidad. Fue una declaración de intenciones. Y un recordatorio de que, en las guerras del siglo XXI, las alianzas se escriben con tinta que se seca rápido.