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Irán denuncia que 30 universidades han sido bombardeadas por EE.UU. e Israel

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Teherán.– Los misiles no solo destruyen edificios. También apagan mentes, silencian aulas y entierran años de investigación bajo toneladas de escombros. Este sábado, el ministro iraní de Ciencia, Investigación y Tecnología, Hosein Simaei Sarraf, lanzó una denuncia escalofriante: desde el inicio de la guerra, más de 30 universidades y centros de educación superior del país han sido atacados directamente por Estados Unidos e Israel. El saldo: 60 estudiantes y cinco profesores asesinados.

La declaración tuvo lugar en la Universidad Shahid Beheshti, en el norte de Teherán, donde un edificio quedó reducido a ruinas tras un bombardeo la tarde del viernes. "El ataque a las infraestructuras científicas es un crimen contra la humanidad", afirmó el ministro, visiblemente afectado, ante las cámaras de la agencia IRNA.

"En el siglo XXI, se bombardea el conocimiento"

Simaei Sarraf no escatimó en dureza contra Washington y Tel Aviv. "Es increíble que, en la era de los derechos humanos y en el siglo XXI, se ataque a instalaciones civiles, y aún peor, a las infraestructuras científicas y vitales de la humanidad", reprochó. Según el ministro, estas acciones constituyen no solo una violación flagrante del derecho internacional, sino un crimen contra la humanidad.

La denuncia iraní no es nueva, pero sí la magnitud. Anteriormente, Teherán había informado de ataques contra la Universidad de Ciencia y Tecnología de Teherán y la Universidad Tecnológica de Isfahán, entre otras. Ahora, la lista se ha ampliado a más de tres docenas de centros educativos en todo el país.

Millones de estudiantes, privados de su derecho a aprender

El ministro advirtió que las consecuencias de estos bombardeos van mucho más allá de las víctimas mortales. Millones de alumnos y universitarios se han visto privados de continuar con sus estudios y labores de investigación. Laboratorios destruidos, bibliotecas incendiadas, archivos digitales perdidos para siempre. "Es un ataque al futuro de Irán", sentenció.

La guerra, que comenzó el 28 de febrero con bombardeos conjuntos de Estados Unidos e Israel sobre territorio iraní, no ha respetado fronteras ni convenciones. El estrecho de Ormuz permanece cerrado, los precios de los alimentos se disparan y ahora, las aulas —que deberían ser santuarios de paz y saber— se han convertido en objetivos militares.

La comunidad internacional, en silencio

Mientras los cascotes humean en los campus iraníes, la comunidad internacional observa con preocupación pero sin acciones contundentes. La denuncia de Irán, aunque parte de la narrativa bélica de un régimen que también ha sido acusado de violaciones a los derechos humanos, plantea una pregunta incómoda: ¿dónde está la línea roja en una guerra total?

Los ataques a universidades no son solo ataques a Irán. Son ataques al principio de que el conocimiento debe estar a salvo de los conflictos armados. Una convención de Ginebra, la de 1949, protege los bienes civiles. Otra, de 1954, protege específicamente los bienes culturales y educativos en caso de conflicto armado. Pero los misiles no leen tratados internacionales.

Un crimen contra la humanidad que clama justicia

Simaei Sarraf concluyó su intervención con un llamado a la conciencia global: "Es hora de que el mundo despierte". Mientras hablaba, las ambulancias seguían retirando escombros en la Universidad Shahid Beheshti. Entre ellos, restos de libros, fragmentos de pupitres, quizás algún cuaderno de un estudiante que ya no volverá a clase.

La guerra, como siempe, deja heridas visibles e invisibles. Las visibles son los edificios derruidos. Las invisibles son los sueños truncados, las investigaciones interrumpidas, las generaciones que crecerán sin los maestros que cayeron bajo las bombas. Y esas heridas, aunque no sangren, duelen durante décadas. Porque atacar una universidad no es solo destruir hormigón: es intentar matar el futuro de un país. Y eso, como dijo el ministro, es un crimen contra la humanidad.