Berlín.– Lo que hace exactamente dos años fue celebrado por el entonces gobierno alemán como una reforma histórica en materia de drogas, hoy es calificado por los actuales titulares de Sanidad, Interior y Familia como un error que pone en riesgo a la juventud y alimenta la criminalidad. En un comunicado conjunto que ha sacudido el panorama político, tres ministros del gobierno conservador abrieron fuego contra la ley de legalización parcial del cannabis recreativo, vigente desde el 1 de abril de 2024.
“La legalización parcial del cannabis para fines recreativos fue un error. Las medidas para prevenir el consumo de niños y jóvenes se han reducido. Quien cierre los ojos ante ello pone en riesgo la salud de los más jóvenes”, declaró la ministra de Sanidad, Nina Warken, en un texto que no deja espacio a la ambigüedad.
El tridente conservador: juventud, seguridad y prevención
A Warken se sumaron el ministro del Interior, Alexander Dobrindt, y la ministra de Familia, Karin Prien. Dobrindt, conocido por su perfil duro en materia de seguridad, afirmó que la ley “pone en peligro a la juventud y fomenta la criminalidad”. Prien, por su parte, sentenció que el anterior gobierno tripartito —integrado por socialdemócratas, ecologistas y liberales— “le había hecho un daño a la prevención del consumo”.
Las declaraciones no son improvisadas. Llegan impulsadas por la publicación del segundo informe de un grupo de expertos encargado de evaluar los efectos de la ley. Y aunque el informe advierte que sus conclusiones son aún provisionales, deja sobre la mesa hallazgos que los ministros conservadores han decidido leer como un veredicto condenatorio.
Las luces y sombras del informe de expertos
El estudio reconoce que algunos de los efectos esperados por el gobierno anterior se han cumplido: cada vez más consumidores obtienen cannabis por vías legales, lo que teóricamente debilita al mercado negro. Pero el mismo informe enciende alarmas en otros frentes. Detecta un descenso en el número de jóvenes que recurren a asesorías contra la adicción, algo que califica de “preocupante” en un contexto donde el consumo general crece.
Además, señala que parte del cannabis destinado al uso medicinal se está desviando hacia el consumo recreativo, y alerta sobre la necesidad de fortalecer a los organismos de seguridad en la lucha contra el crimen organizado vinculado al cannabis.
Sin embargo, no todo son críticas en el documento. Los expertos también piden eliminar restricciones para la creación de cooperativas de cultivo para consumo exclusivo de sus miembros, un instrumento pensado originalmente para quitarle espacio al mercado negro pero que, según el informe, tiene escasa relevancia debido a las trabas existentes.
La fractura política: CDU contra SPD
La embestida de los ministros conservadores —todos pertenecientes a la CDU y la CSU, que hoy son mayoría en la coalición de gobierno— no es casual. La ley que ahora cuestionan fue impulsada en la legislatura anterior por los socialdemócratas (SPD), ecologistas y liberales, con el SPD como uno de sus principales defensores.
Klaus Lauterbach, experto en sanidad del grupo parlamentario socialdemócrata y exministro del ramo, ha calificado en repetidas ocasiones la legalización parcial como un éxito. Y aunque hoy sus correligionarios son socios minoritarios en el gobierno, el pulso está servido.
Cuando un periodista preguntó al portavoz del Ministerio de Sanidad, Hannes Böckler, si las declaraciones de los tres ministros anticipaban una derogación de la ley, su respuesta fue tan diplomática como reveladora: “Hay un socio de coalición al que tenemos que convencer. Pero para nosotros los resultados son claros”.
¿El principio del fin de la “reforma histórica”?
Dos años después de que Alemania diera un paso audaz al legalizar parcialmente el cannabis, el debate ha vuelto al centro del tablero político. Los conservadores, que estuvieron en la oposición cuando la ley se aprobó, ahora tienen en sus manos las herramientas para modificarla o incluso derogarla. Pero el camino no es sencillo: necesitan convencer a sus socios socialdemócratas, que siguen viendo la reforma como un avance en materia de salud pública y lucha contra el narcotráfico.
El informe de expertos, con sus luces y sombras, ha servido de detonante. Mientras los conservadores destacan los riesgos, los defensores de la ley insisten en que sus efectos positivos apenas empiezan a verse. La discusión, que ya es política, se convertirá en los próximos meses en un test para la estabilidad de la coalición y, quizás, para el futuro de una de las políticas de drogas más emblemáticas de la Europa reciente.
Por ahora, lo que queda claro es que la legalización del cannabis en Alemania —presentada hace dos años como un experimento progresista con vocación de modelo europeo— ha entrado en una fase crítica. Y lo que ocurra en los próximos meses definirá no solo el destino de esta ley, sino el rumbo que el país quiere tomar en una materia donde la frontera entre la libertad individual y la protección de los más jóvenes nunca ha sido fácil de trazar.