La esperada llegada a Haití de los primeros contingentes de la Fuerza de Represión de las Pandillas (FRG), creada por la ONU en 2025, se ha convertido en un interrogante que crece con cada hora de silencio. Mientras las autoridades haitianas no confirman el despliegue prometido, las bandas armadas redoblan su ofensiva, extendiendo su dominio más allá de Puerto Príncipe y dejando un rastro de sangre en el departamento de Artibonite.
Se esperaba que este miércoles aterrizara en suelo haitiano un primer contingente procedente de Chad, según reveló el 16 de marzo el canciller dominicano, Roberto Álvarez, citando el cronograma oficial de Naciones Unidas. Pero ninguna autoridad en Haití se ha pronunciado sobre el asunto en las últimas horas. El silencio, en un país donde cada día cuenta en la lucha contra el caos, alimenta la incertidumbre sobre una misión que debía marcar un punto de inflexión.
De la MSS a la FRG: un relevo que no termina de concretarse
La nueva fuerza, con una dotación total de 5,500 efectivos, fue concebida para tomar el relevo de la Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad (MSS), liderada por Kenia. Esa misión, que ha permanecido casi dos años en el país, ha cosechado resultados discretos en su lucha contra las pandillas. Las organizaciones criminales, lejos de retroceder, han consolidado su control sobre prácticamente toda la capital, Puerto Príncipe, y han expandido su radio de acción hacia el interior, sumiendo al país en una espiral de violencia que no cesa.
La FRG se presentaba como la respuesta definitiva: una fuerza más robusta, con mandato renovado y capacidad operativa ampliada. Pero su despliegue, que debía comenzar esta semana, parece atrapado en las mismas dilaciones burocráticas y vacilaciones internacionales que han caracterizado la respuesta de la comunidad internacional ante la crisis haitiana.
Artibonite: la masacre que encendió todas las alarmas
Mientras la comunidad internacional debate fechas y contingentes, en Artibonite la sangre sigue corriendo. El domingo, al menos 70 personas fueron asesinadas en un ataque atribuido al grupo armado ‘Gran Grif’, en lo que organizaciones locales califican como una masacre perpetrada con saña. La ONG Collectif Défenseurs Plus denunció la “pasividad indignante” del gobierno haitiano ante la barbarie.
“Esta violencia indiscriminada nos recuerda la urgencia de reforzar el apoyo a Haití”, declaró el representante especial de la ONU, Carlos Ruiz Massieu, al confirmar la escalofriante cifra de víctimas. Pero la urgencia, en los hechos, choca con la lentitud de los engranajes internacionales.
Ante la masacre, la Policía Nacional de Haití (PNH) anunció este miércoles una “gran operación” en Artibonite junto con la FSG —una de las siglas utilizadas para referirse a la fuerza internacional—. Sin embargo, el comunicado oficial no precisó qué agentes internacionales están desplegados sobre el terreno, dejando un margen de ambigüedad que solo aumenta la confusión.
República Dominicana: apoyo logístico sin intervención directa
En medio de este panorama de incertidumbre, República Dominicana ha comenzado a definir su rol. El canciller Roberto Álvarez se reunió el lunes con el subsecretario general de la ONU, Atul Khare, para discutir las facilidades logísticas que Santo Domingo podría ofrecer: tránsito de personal, servicios médicos y apoyo operativo a la misión. La Cancillería enfatizó que la cooperación se limita a respaldo desde territorio dominicano, sin intervención directa.
Paralelamente, el periódico Listín Diario informó que el país ha desplegado miles de soldados en la frontera con Haití, reforzando la seguridad fronteriza con una flota de trescientos vehículos de combate. La medida busca contener posibles infiltraciones criminales o desplazamientos masivos derivados del conflicto, en una señal de que el gobierno dominicano se prepara para escenarios de máxima tensión.
El reloj corre, la violencia no espera
La nueva Fuerza de Represión de las Pandillas fue concebida para ser la respuesta contundente que Haití necesita. Pero mientras los contingentes no llegan, las pandillas siguen avanzando, la población sigue muriendo y la comunidad internacional sigue hablando de “urgencia” con un calendario que no termina de cumplirse.
En Artibonite, las familias lloran a sus muertos. En Puerto Príncipe, los desplazados viven a merced de los grupos armados. En la frontera, los soldados dominicanos vigilan el horizonte. Y en los despachos de la ONU, el silencio sobre el despliegue de la FRG pesa más que cualquier comunicado. Haití no puede esperar. Pero, por ahora, la espera es lo único que parece segura.