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Netanyahu asegura haber cumplido la mitad de sus objetivos en Irán

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La espiral de violencia que ha convertido a Oriente Medio en un polvorín sin precedentes registró este martes un nuevo capítulo de escalofriante intensidad. Mientras el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, declaraba que su país ha superado “más de la mitad” de los objetivos militares en la ofensiva contra Irán, Teherán respondió al amanecer con una nueva oleada de misiles que hizo sonar las sirenas en Jerusalén y dejó explosiones y cortes de electricidad en zonas de la capital iraní.

“Definitivamente se ha superado la mitad del camino. Pero no quiero ponerle un calendario”, afirmó Netanyahu a la cadena estadounidense Newsmax, en un mensaje que combinaba determinación con la negativa a atarse a plazos. Horas después, los altavoces de la guerra volvían a hablar el lenguaje de los proyectiles.

Un martes de explosiones cruzadas

El ejército israelí confirmó haber respondido a los nuevos lanzamientos iraníes, mientras los medios locales en Teherán informaban de explosiones que causaron “cortes de electricidad en algunas partes” de la ciudad. Las primeras investigaciones apuntaban a que los ataques alcanzaron “emplazamientos militares” en el centro de Irán, según fuentes oficiales de la República Islámica.

La escalada no se limitó al duelo bilateral. Irán también disparó misiles contra países del Golfo, y la caída de restos de proyectiles interceptados hirió a cuatro personas en Dubái, mientras un petrolero kuwaití ardía en el puerto de la ciudad. En Arabia Saudí, las autoridades aseguraron haber interceptado ocho misiles balísticos, en una jornada que evidenció cómo el conflicto amenaza con desbordar cualquier frontera.

El mensaje iraní a Riad: “Expulsen a las fuerzas estadounidenses”

En medio de la ofensiva, el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, desplegó una estrategia de doble filo: hacia los países árabes del Golfo, un mensaje conciliador; hacia Estados Unidos, un ultimátum.

“Irán respeta al Reino de Arabia Saudí y lo considera una nación fraternal”, escribió Araghchi en X, acompañando su mensaje con una fotografía que, según afirmó, mostraba daños en un avión estadounidense en la base aérea Príncipe Sultán. “Nuestras operaciones están dirigidas contra agresores enemigos que no respetan a los árabes ni a los iraníes… Ya es hora de expulsar a las fuerzas estadounidenses”, añadió.

El llamado se produce en un momento de creciente malestar entre los países del Golfo, que ven cómo la guerra se acerca a sus fronteras y algunos analistas sugieren que podrían estar presionando a Washington para intensificar la respuesta militar.

Trump dice negociar con Irán; Teherán lo niega

Mientras los misiles vuelan, las vías diplomáticas parecen transitar por un laberinto de desmentidos. El presidente estadounidense, Donald Trump, afirmó el lunes estar en contacto directo con altas figuras iraníes, mencionando específicamente al presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Qalibaf. Pero Qalibaf —excomandante de la Guardia Revolucionaria— ha negado categóricamente cualquier diálogo directo, calificando las conversaciones facilitadas por Pakistán como una “tapadera” para el despliegue de tropas estadounidenses.

El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmaeil Baghaei, fue aún más lejos: aseguró que Estados Unidos solo ha enviado una petición para hablar a través de intermediarios, acompañada de una propuesta de 15 puntos que Teherán considera “excesiva, poco realista e irracional”. No ha habido conversaciones directas, insistió.

La amenaza terrestre de Trump y el despliegue militar

En paralelo, Trump ha elevado el tono de sus advertencias. El lunes volvió a amenazar con arrasar las centrales eléctricas, pozos de petróleo, la isla de Kharg —corazón de las exportaciones petroleras iraníes— y hasta las plantas desalinizadoras si no se alcanza pronto un acuerdo. Pero lo que ha encendido todas las alarmas es la posibilidad de una incursión terrestre.

El presidente ha planteado desplegar tropas para apoderarse de la infraestructura petrolera en Kharg, una opción que, según analistas como Michael Eisenstadt, del Washington Institute for Near East Policy, podría tener un fuerte impacto psicológico. “Poner gente sobre el terreno podría ser la forma psicológicamente más convincente de asestar un golpe a Irán”, afirma Eisenstadt. “Pero estás poniendo en peligro a tus propias tropas. No está lejos del continente. Potencialmente pueden hacer llover mucha destrucción sobre la isla”.

Las piezas sobre el tablero ya se están moviendo. Un buque de la Armada estadounidense con más de 2,000 infantes de marina ha llegado a la región. Se espera la inminente llegada de al menos 1,000 soldados de la 82ª División Aerotransportada, entrenada para lanzarse en paracaídas sobre territorio hostil y asegurar posiciones clave. Otros 2,500 marines están siendo desplegados desde California. La Administración Trump no ha detallado qué harán todas esas tropas, pero la sola presencia de unidades de asalto aerotransportado sugiere que la opción militar terrestre, por arriesgada que sea, ya no es solo una hipótesis.

Una guerra sin reloj y con demasiados frentes

Netanyahu se niega a poner fecha al final de la operación. Irán redobla sus ataques mientras niega negociar. Los países del Golfo se ven atrapados en el fuego cruzado. Estados Unidos refuerza su presencia militar mientras su presidente amenaza con arrasar infraestructuras vitales. En este escenario, cada hora que pasa añade una nueva capa de imprevisibilidad a un conflicto que ya ha sacudido los mercados globales y amenaza con reconfigurar el equilibrio de poder en la región.

La pregunta que flota sobre Oriente Medio no es si la guerra se intensificará, sino cuándo y hasta dónde están dispuestos a llegar los protagonistas. Y mientras tanto, las sirenas siguen sonando en Jerusalén, las explosiones iluminan el cielo de Teherán y los misiles continúan escribiendo una historia que nadie parece capaz de detener.