En una maniobra que desafía el cerco del aislamiento y enciende una nueva luz de esperanza en el Caribe, el Kremlin confirmó este lunes que no abandonará a su aliado cubano. La prueba tangible arribó con la marea al puerto de Matanzas: el petrolero Anatoli Kolodkin, un coloso de 100,000 toneladas de crudo —más de 700,000 barriles— que pone fin a tres meses de sequía energética en la isla.
“Rusia considera su deber no mantenerse al margen”, declaró Dmitri Peskov, portavoz del presidente ruso, en su habitual rueda de prensa telefónica. Con un tono que mezcla firmeza diplomática y empatía humanitaria, Peskov sentenció: “La situación desesperada de los cubanos no puede dejarnos indiferentes. Seguiremos trabajando en ello”.
El arribo del buque, que aguarda su descarga en Matanzas a unos 100 kilómetros de La Habana, no es un hecho aislado. Según reveló el Financial Times a mediados de marzo, un segundo barco, el Sea Horse, ya navega con 27,000 toneladas adicionales de combustible. Estas entregas retoman una senda que Moscú había pausado desde febrero de 2025, cuando envió su último cargamento a la isla.
El factor Trump: un permiso sorpresivo en medio de las sanciones
Lo que hace aún más extraordinario este episodio es el inesperado guiño desde la Casa Blanca. El presidente Donald Trump, quien el pasado 29 de enero firmó una orden ejecutiva para aranceles contra quienes suministren petróleo a Cuba, dio su visto bueno a la operación. “No tengo ningún problema. ¡Tienen que sobrevivir!”, dijo Trump el domingo, aunque sin ahorrar críticas al gobierno cubano, al que calificó de “mal régimen”.
Peskov reconoció que la autorización estadounidense fue coordinada “con antelación” en contactos bilaterales. La licencia —una excepción temporal de un mes para el petróleo en tránsito— permitió que el Anatoli Kolodkin llegara a puerto, mientras Washington mantiene su veto habitual para suministros a Cuba, Irán y Corea del Norte.
Energía para sobrevivir: un respiro en medio de la tormenta
Para Cuba, sumida en una crisis energética que ha provocado apagones diarios prolongados y una economía paralizada, este cargamento es mucho más que un envío de crudo. Según estimaciones de prensa especializada, las 100,000 toneladas bastarán para aliviar durante varias semanas las necesidades eléctricas y logísticas de la isla, donde el bloqueo estadounidense ahoga cualquier intento de recuperación.
Mientras tanto, en el tablero geopolítico, los envíos rusos se abren paso entre tensiones. Varios buques de la denominada “flota fantasma” han sido interceptados en alta mar por fuerzas occidentales en los últimos meses, pero Moscú parece dispuesto a sortear los obstáculos para sostener a su aliado caribeño.
Con la llegada del Anatoli Kolodkin, Rusia no solo entrega combustible: envía un mensaje claro de resiliencia alianza y una inyección de vida a un país que, contra las mareas, sigue buscando su rumbo.