La isla encara este lunes una de sus jornadas más críticas en la crisis energética que la sumerge desde mediados de 2024. Según los datos de la estatal Unión Eléctrica (UNE) procesados por EFE, el apagón programado en el horario de máxima demanda dejará sin servicio al 60 % del territorio nacional, una afectación que evidencia el colapso de un sistema cada vez más frágil.
La previsión es estremecedora: una capacidad de generación de apenas 1,230 megavatios (MW) frente a una demanda punta de 3,050 MW. El déficit —la brecha entre lo que se necesita y lo que se puede producir— alcanzará los 1,820 MW, y el corte real para evitar un colapso descontrolado se estima en 1,850 MW. En la práctica, la oscuridad se instalará en gran parte del país justo cuando la actividad social y económica más requiere electricidad.
Dos heridas que sangran juntas: un sistema obsoleto y un bloqueo asfixiante
La crisis que padece Cuba no es un hecho aislado, sino el resultado de dos factores que se alimentan mutuamente. Por un lado, una infraestructura energética envejecida: nueve de las 16 termoeléctricas del país permanecen fuera de servicio por averías o mantenimiento, lo que representa el 40 % del mix de generación.
Por otro, el “asedio petrolero” impuesto por Estados Unidos desde enero, una estrategia que el Gobierno cubano ha denunciado como “asfixia energética”. Esa ofensiva ha dejado paralizados los motores de generación que funcionan con diésel y fueloil —otro 40 % de la matriz eléctrica—, justo cuando la isla más necesita cada gota de combustible.
Las Naciones Unidas han calificado estas medidas como “acciones que vulneran los derechos humanos”, un dictamen que resuena con especial crudeza mientras los apagones se prolongan durante horas y la economía muestra signos de parálisis.
El petróleo ruso llega a Matanzas: un respiro en medio de la tormenta
En medio de este panorama desolador, una mole de acero surca las aguas del Caribe con un cargamento que huele a esperanza. El petrolero Anatoli Kolodkin, con 740,000 barriles de crudo (100,000 toneladas) a bordo, ya ha arribado a Cuba y aguarda su descarga en el puerto de Matanzas, a unos 100 kilómetros de La Habana. Es el primer envío de petróleo que recibe la isla en los últimos tres meses.
El Ministerio de Transporte de Rusia confirmó la noticia este lunes, mientras el canal estatal Cubavisión destacaba el domingo que la embarcación estaba “a horas de llegar a puerto nacional”. “Rusia hacía realidad nuevamente el compromiso de la ayuda material a Cuba”, subrayó el medio, en un gesto que refuerza la alianza entre ambos países en momentos de máxima tensión.
Trump lo autoriza y luego lo desprecia: “Tienen que sobrevivir”
Lo más paradójico de este episodio es que la llegada del crudo ruso ha contado con un visto bueno inesperado: el del propio presidente estadounidense, Donald Trump. En declaraciones a bordo del Air Force One este domingo, el mandatario aseguró que “no tiene ningún problema” con que Cuba reciba ese combustible. “¡Tienen que sobrevivir!”, exclamó, aunque sin ahorrar calificativos para el gobierno de la isla, al que tildó de “mal régimen” con un “liderazgo malo y corrupto”.
Sus palabras reflejan la contradicción de una administración que, por un lado, ha endurecido las sanciones energéticas desde enero, y por otro, permite que un aliado estratégico de Moscú —y adversario geopolítico de Washington— inyecte oxígeno a la economía cubana. “No me molesta”, zanjó Trump, en una declaración que, en la práctica, abre un pequeño resquicio en el cerco.
El pulso de la luz: incertidumbre en el horizonte
A pesar del alivio puntual que representa el cargamento ruso, la situación sigue siendo crítica. La UNE advierte que la generación seguirá siendo insuficiente en los próximos días, y los apagones rotativos se han convertido en la nueva normalidad para millones de cubanos. Mientras tanto, la comunidad internacional observa cómo la confluencia de un embargo unilateral, una infraestructura obsoleta y una dependencia geopolítica dibujan un escenario de vulnerabilidad extrema.
Por ahora, el Anatoli Kolodkin espera en Matanzas. Su descarga comenzará en las próximas horas, y cada barril de crudo que fluya hacia las termoeléctricas cubanas será, al menos por unos días, un respiro contra la oscuridad. Pero la pregunta que queda flotando en el aire caribeño es si ese respiro será suficiente para encender las luces de un país que, desde hace meses, pelea por no quedarse a oscuras.