Díaz-Canel denuncia las amenazas diarias de Washington y advierte que el bloqueo energético no quebrará la soberanía de la isla. Marco Rubio presiona desde EE.UU. para que se implementen "cambios drásticos" en el liderazgo cubano.
LA HABANA.- La tensión entre Cuba y Estados Unidos alcanza un nuevo pico. El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, respondió este miércoles con dureza a las recientes amenazas de Donald Trump, quien aseguró que sería "un gran honor" tomar el control de la isla. En un mensaje publicado en redes sociales, el mandatario cubano advirtió que cualquier agresión externa se topará con una "resistencia inexpugnable".
Díaz-Canel denunció que Washington "amenaza públicamente a Cuba casi a diario con derrocar por la fuerza el orden constitucional" y que su verdadero objetivo es "adueñarse del país, de sus recursos, de las propiedades, de la misma economía que buscan asfixiar para rendirnos". Una declaración que refleja el clima de máxima alerta en la isla ante la escalada retórica y las sanciones que se han intensificado en los últimos meses.
El cerco energético y la respuesta cubana
El canciller Bruno Rodríguez secundó la advertencia y lanzó un mensaje claro: el "castigo colectivo" que representan las sanciones impuestas por Estados Unidos "no mellará el ejercicio pleno de la soberanía" ni la capacidad de resistencia del pueblo cubano frente al bloqueo y el cerco energético.
Las declaraciones se producen en un momento crítico para la isla, que sufre un bloqueo petrolero que la ONU ha calificado de contrario al derecho internacional. La situación ha agravado una crisis económica que se extiende ya por seis años y que ha provocado, entre otras consecuencias, apagones masivos como el que esta semana dejó a oscuras a la mayor parte del país durante casi 20 horas.
La presión de Washington: "cambios drásticos"
El endurecimiento del discurso cubano coincide con la creciente presión de la administración Trump para que la isla implemente reformas económicas y políticas. Este lunes, el secretario de Estado, Marco Rubio, fue explícito: exigió "cambios drásticos" y reclamó que "asuman el liderazgo personas nuevas". Una declaración que en La Habana se interpreta como un intento de injerencia en los asuntos internos y un respaldo a las tesis de un cambio de régimen.
Rubio, de origen cubano y conocido por su postura dura contra el gobierno de la isla, se ha convertido en uno de los principales impulsores de las sanciones y de la presión diplomática sobre Cuba. Su intervención pública refuerza la percepción en La Habana de que Washington busca no solo un cambio de políticas, sino una transformación del sistema político cubano.
Una isla asfixiada que resiste
Mientras las amenazas y las advertencias se cruzan en el plano retórico, la realidad sobre el terreno es la de una isla sometida a una presión económica sin precedentes. El bloqueo petrolero ha paralizado sectores enteros de la economía y ha disparado el malestar social. Los apagones, la escasez y las dificultades cotidianas son el telón de fondo de un pulso que enfrenta a uno de los países más pequeños del continente con la principal potencia mundial.
La respuesta cubana, sin embargo, no admite matices: resistencia inexpugnable, soberanía plena y rechazo a cualquier injerencia. Por ahora, la isla se prepara para resistir, mientras Washington mantiene la presión y el mundo observa atento el desarrollo de un conflicto que promete nuevos capítulos.