Un análisis del Observatorio de Conflictos y Medio Ambiente alerta de que los bombardeos sobre instalaciones petroleras iraníes provocarán "daños duraderos" en extensas áreas por contaminación del suelo y el agua, además de una peligrosa emisión de gases de efecto invernadero. La OMS ya ha advertido del grave riesgo para la salud, especialmente para niños y ancianos, mientras la capital amanece envuelta en una nube tóxica imposible de esquivar ni siquiera dentro de los hogares.
Londres/Teherán — Más allá del estruendo de los misiles y el recuento de víctimas, la guerra en Oriente Medio está dejando una huella silenciosa, invisible pero letal: la contaminación. El Observatorio de Conflictos y Medio Ambiente (CEOBS) ha publicado un informe titulado 'Lluvia negra' en el que advierte que los ataques contra infraestructuras petroleras iraníes causarán "daños duraderos" en "áreas geográficas extensas", contaminando suelos, aguas y el aire que respiran millones de personas.
El documento, difundido este martes, cobra especial relevancia después de que el domingo la capital iraní amaneciera envuelta en una densa nube tóxica, mezcla de lluvia y humo procedente de los depósitos de combustible bombardeados. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ya había lanzado la alerta el lunes: "Esto supone un grave peligro para la salud, especialmente para los niños, las personas mayores y las personas con enfermedades previas", señaló su director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus.
Una bomba de relojería química
El CEOBS, organización británica sin ánimo de lucro miembro de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), explica que los incendios en instalaciones petroleras liberan una mezcla letal de contaminantes: monóxido de carbono, dióxido de azufre, óxidos de nitrógeno, compuestos orgánicos volátiles y partículas compuestas de hollín, material orgánico y metales traza.
El problema se agrava por la ubicación de Teherán. La ciudad se asienta en una cuenca semicerrada, al pie del macizo del Elburz, entre picos de 2.000 a 4.000 metros. Esta geografía "restringe considerablemente la circulación del aire". En esta época del año, la capa límite atmosférica apenas alcanza 1 o 1,5 kilómetros de altura durante el día, por debajo de las cumbres, formando una "inversión térmica que actúa como una capa que atrapa los contaminantes". Al caer la noche, esa capa desciende aún más, "concentrando los contaminantes cerca del suelo".
El denso tejido urbano crea además "pasillos urbanos" que limitan el flujo de aire entre los edificios, atrapando aún más la polución.
Sin refugio posible
Quedarse en casa no es una solución. Las partículas se filtran en los edificios y se posan en muebles y superficies, por lo que la concentración de contaminantes en interiores y exteriores es prácticamente la misma.
Los efectos no se limitan al aire. Los contaminantes se acumulan en carreteras, tejados, suelos y cultivos, convirtiéndose en una fuente secundaria de exposición cuando el viento levanta tormentas de polvo. Además, hay informes de derrames de petróleo procedentes de los depósitos de Shahran que han llegado a los desagües pluviales de Teherán, provocando explosiones y contaminando el sistema de drenaje.
El CEOBS pronostica que los productos petrolíferos derramados seguirán la pendiente norte-sur de la ciudad y acabarán en masas de agua naturales o suelos agrícolas, contaminando también las aguas subterráneas poco profundas.
Un problema que trasciende fronteras
La catástrofe no se limitará a Teherán. El humo y las partículas pueden viajar cientos o miles de kilómetros, afectando localidades, cultivos y ecosistemas tan lejanos como Siberia. El "carbono negro" procedente del petróleo quemado puede depositarse en glaciares, acelerando su deshielo, como ocurrió con los incendios de petróleo de Kuwait en 1991.
Estas partículas también pueden interactuar con las nubes, alterando su vida útil y estructura, y afectando al sistema climático global. "Si el número de incendios de petróleo en la región aumenta, acumulativamente estos efectos pueden tener un efecto apreciable en el clima", advierte el informe, que subraya la necesidad de observación y seguimiento continuos.
Mientras los misiles siguen cayendo y la diplomacia busca una salida, la 'lluvia negra' ya empapa Teherán. Sus efectos, a diferencia de las bombas, no cesarán cuando callen las armas.