El actor franco-estadounidense aseguró en una charla universitaria que la ópera y el ballet son artes "que a nadie le importan". La respuesta de los teatros líricos de medio mundo no se hizo esperar: desde la Ópera de París, que ironizó con el ping-pong, hasta la Scala de Milán, que preguntó lacónicamente "¿A alguien le importa esto?". Pero más allá de las bromas, algunos profesionales piden no confundir al enemigo: la verdadera batalla es contra los recortes y la falta de accesibilidad.
París/Nueva York — Lo que empezó como una respuesta improvisada en una conversación universitaria se ha convertido en una campaña mundial. El actor Timothée Chalamet, protagonista de 'Dune' y nominado al Oscar por 'Marty Supreme', desató la tormenta al referirse a la ópera y el ballet como "algo que a nadie le importa". Sus palabras, pronunciadas el 24 de febrero en un acto organizado por 'Variety' y la CNN en la Universidad de Texas, no han caído en saco roto.
Durante la charla con Matthew McConaughey, Chalamet reflexionaba sobre la asistencia a las salas de cine y la menguante capacidad de atención del público. Tras citar 'Barbie' y 'Oppenheimer' como ejemplos de películas que atraen multitudes, el actor se explayó sobre aquellas artes que, según él, viven de la "conservación institucional" pese a que el interés popular haya decaído.
"No quisiera trabajar en el ballet o la ópera, o en algo que no le importa a la gente. Eh, que esto siga adelante, aunque, en realidad, ya no le importe a nadie. Con el debido respeto a la gente del ballet y de la ópera", añadió rápidamente, anticipándose a las protestas.
No se equivocaba. Las protestas llegaron, pero también la creatividad.
La venganza de los community managers
La respuesta de los teatros de ópera de todo el mundo no se hizo esperar, y brilló por su ingenio. La Ópera de París, institución de referencia en Francia, aprovechó para bromear con la filmografía del actor: "Giro argumental: el ping-pong también existe en la ópera", publicaron en Instagram, mostrando una escena de 'Nixon en China' de John Adams donde los protagonistas juegan al tenis de mesa, en clara alusión a 'Marty Supreme', la película donde Chalamet interpreta a un campeón de este deporte.
La Ópera Grand Avignon fue más directa: "Querido Timothée, solo queríamos tranquilizarte: los cantantes, bailarines y orquestas siguen emocionando y sorprendiendo, y, curiosamente, las salas siguen llenándose". Con ironía, añadieron: "Incluso parece que la gente viene a escuchar voces sin micrófonos, a ver cuerpos que cuentan historias sin efectos especiales y a llorar sobre músicas compuestas hace 200 años. Tiempos extraños".
La Ópera de Viena salió a la calle a preguntar a los vieneses si les importa esta forma de arte. Las respuestas, matizadas, sirvieron para tender un puente: "Considere esto su invitación personal a Viena. Nuestro escenario le está esperando", concluyeron.
La Scala de Milán optó por el laconismo: un breve vídeo con la pregunta "¿A alguien le importa esto?". En Roma, jugaron con las afinidades futbolísticas del actor: "Sabemos que eres fan de la Roma, pero creemos que deberías ampliar tus horizontes y venir a visitarnos: descubrirás otras pasiones".
El Liceo de Barcelona aprovechó para anunciar el estreno digital de 'La Gioconda', y en Seattle lanzaron un código promocional del 14%, en alusión a los catorce céntimos que, según Chalamet, había perdido en espectadores tras sus declaraciones.
Las redes, implacables
Los comentarios en redes no se anduvieron con rodeos. "Cuando nadie se acuerde de Timothée Chalamet, Mozart y Chaikovski seguirán haciendo su magia", escribió un usuario. Otro bromeaba: "Apoya a tus teatros locales, tío". Los más ácidos señalaban: "Ya no le importa a nadie, dice el tipo que acaba de protagonizar una película sobre tenis de mesa". Y alguno sentenciaba: "Bueno… ya puedes despedirte de ese Oscar".
La voz de la razón
En medio del coro de críticas, algunas voces han pedido no equivocarse de enemigo. Ben Glassberg, director de la Orquesta de la Ópera Normandía de Ruán y coetáneo de Chalamet, publicó un extenso vídeo en Instagram defendiendo que el actor "no tiene toda la razón, pero tampoco está totalmente equivocado".
Glassberg cuestiona la estrategia "defensiva" que se activa cada vez que alguien critica la ópera. "Hay mucha gente en el planeta a la que realmente no le interesa la ópera, y pretender que es una forma de arte superior, como que si no la entiendes es tu problema… Bueno, creo que en eso nos equivocamos", reflexiona.
El director británico insta a sus colegas a canalizar la ira no hacia Chalamet, sino hacia "los gobiernos que están retirando fondos a la educación musical y artística, y también hacia aquellos en la industria que no están tratando de hacer la ópera lo suficientemente accesible y diversa como para que todo el mundo se sienta representado".
Glassberg recuerda que varios teatros franceses han sufrido recortes de subvenciones en los últimos años, tanto del Ministerio de Cultura como de autoridades locales. "Lo que deberíamos hacer es ir detrás de los gobiernos y preguntarles: '¿Por qué recortan los fondos para la música en las escuelas?'. Porque en realidad, nadie querrá venir a la ópera en el futuro si nadie ha oído hablar de ella".
El debate de fondo
En un artículo de opinión para el 'New York Times', la crítica de danza Gia Kourlas coincide en que la clave no está en el valor intrínseco de estas artes, sino en la percepción que la gente tiene de ellas y en su capacidad para "perdurar" frente a la competencia del cine. Según Kourlas, Chalamet no quería decir que la ópera y el ballet sean "poco importantes", sino que "el mundo tiene dificultades para comprender" su riqueza.
La polémica, amplificada por ser una estrella de cine quien la desencadenó, abre un debate esencial sobre el papel de las artes escénicas en nuestras sociedades. Y las soluciones, coinciden los expertos, deben venir de las propias compañías, de la sociedad y de los responsables políticos. Para que la ópera y el ballet no queden relegados, y sigan proporcionando emociones a un público cada vez más amplio.
Mientras tanto, Timothée Chalamet sigue en la carrera por el Oscar. Y los teatros, con sus puertas abiertas, esperan. La invitación está hecha. El resto, como en toda buena ópera, es cuestión de dejarse llevar por la música.