El primer ministro Alix Didier Fils-Aimé presenta un gabinete renovado para afrontar la crisis de seguridad, la recuperación económica y los comicios del 30 de agosto. "Se acabó el tiempo de los discursos bonitos", advierte el mandatario, mientras el país arrastra casi una década sin elecciones y una violencia desbocada.
Puerto Príncipe — Haití intenta rearmarse institucionalmente. El primer ministro Alix Didier Fils-Aimé presentó este martes un nuevo Gobierno de transición, una remodelación que llega casi un mes después de que asumiera en solitario la gobernanza tras el fin del mandato del Consejo Presidencial de Transición (CPT), el pasado 7 de febrero.
La nueva administración, compuesta por once ministros entrantes y seis ratificados, deberá centrarse en tres prioridades definidas por el jefe de Gobierno: seguridad, recuperación económica y social, y la organización de elecciones previstas para el 30 de agosto. El anuncio se produce una semana después de que los partidos políticos firmaran el Pacto Nacional para la Estabilidad y la Organización de las Elecciones, un frágil consenso en un país fracturado.
Caras nuevas y viejos conocidos
Entre los nombres más destacados del nuevo gabinete figuran Serge Gabriel Collin al frente de Economía, Sandra Paulémon en Planificación y Raina Forbin como canciller. El antiguo director de la Policía Nacional, Mario Andrésol, asume la cartera de Defensa, mientras que Marcelin Aubourg se hará cargo de Agricultura.
En otras áreas, Marc Elie Nelson liderará Asuntos Sociales, Valery Fils-Aimé estará en Medio Ambiente, Emmanuel Ménard en Cultura, Stéphanie Smith en Turismo, Pythagore Dumas en Deportes y Vijonet Demero en Educación.
Se mantienen en sus puestos figuras clave como Paul Antoine Bien-Aimé (Interior), Patrick Pelissier (Justicia), Bertrand Sinal (Sanidad), Pédrica Saint Jean (Condición Femenina), James Monazard (Comercio) y Kathia Verdier (Haitianos Residentes en el Extranjero).
Completan el equipo Sharina Lochard como secretaria de Estado de Colectividades Territoriales y Jean Willio Patrick Chrispin al frente de la Secretaría de Estado de Comunicación.
El legado de una crisis interminable
Haití no celebra elecciones desde el ciclo de 2015-2016, que culminó con la elección de Jovenel Moïse. El presidente asumió en febrero de 2017 y fue asesinado el 7 de julio de 2021, meses después de que el Consejo Superior del Poder Judicial diera por terminado su mandato en medio de una crisis de legitimidad.
Desde entonces, el país ha navegado sin rumbo institucional, azotado por la violencia de las pandillas que controlan amplias zonas del territorio, una economía colapsada y una población que huye por tierra y mar.
"Se acabó el tiempo de los discursos bonitos"
Fils-Aimé fue tajante en su comparecencia al instar a sus ministros a pasar a la acción. "Se acabó el tiempo de los discursos bonitos", declaró, exigiendo una gestión "sana, rigurosa y transparente de los recursos públicos".
El primer ministro delineó las prioridades operativas: reforzar las capacidades de la Policía Nacional, las Fuerzas Armadas y la Fuerza de Represión de Pandillas para recuperar el control de las zonas dominadas por grupos criminales y restablecer "de forma duradera" la autoridad del Estado.
En lo económico, anunció medidas concretas tras diálogos con el sector privado y socios financieros, con el objetivo de reactivar la producción nacional, apoyar a agricultores y empresarios y crear un clima propicio para la inversión extranjera.
La carrera contra el calendario electoral
El gran desafío será organizar elecciones "libres, honestas y creíbles" el 30 de agosto. Para ello, el gobierno deberá establecer los mecanismos institucionales, logísticos y de seguridad necesarios, en un país donde las pandillas impiden el acceso a colegios electorales y la autoridad estatal brilla por su ausencia en extensas regiones.
Fils-Aimé hizo un llamamiento al compromiso ciudadano para construir un Haití próspero "basado en la unidad, la solidaridad y la paz", y agradeció el apoyo de los socios internacionales. La comunidad internacional observa con cautela: los anuncios haitianos han sido muchos, los resultados, escasos.
El nuevo gobierno tiene sobre sus hombros la tarea titánica de demostrar que esta vez la transición no será un eslabón más en la cadena de fracasos institucionales, sino el principio de un camino hacia la normalidad democrática. El plazo, seis meses.