Geopolítica Trending

EE.UU. apunta sus portaaviones hacia Irán mientras la diplomacia celebra su último aliento en Ginebra

IMG 0975 scaled
TOPSHOT – The US Navy aircraft carrier USS Gerald R. Ford departs Souda Bay on the island of Crete on February 26, 2026. (Photo by Costas METAXAKIS / AFP)

Dos grupos de ataque con portaaviones, 150 cazas, 10.000 marines y una red de bases que envuelve Oriente Medio. La Armada estadounidense ha desplegado su mayor flota desde la Guerra del Golfo, lista para actuar si las negociaciones nucleares fracasan. El objetivo: el programa de misiles, las instalaciones atómicas y, quizás, el propio líder supremo.

Washington/Teherán — En el mar Mediterráneo, el USS Gerald Ford, el mayor buque de guerra del planeta, surca las aguas frente a las costas israelíes. En el océano Índico, el USS Abraham Lincoln, recién llegado del mar de Filipinas, patrulla el mar Arábigo. Entre ambos, concentran 150 cazas de combate —más que toda la Fuerza Aérea francesa— y cerca de 10.000 marines. Y no están solos: una veintena de destructores, buques de guerra, submarinos y naves de apoyo completan una de las concentraciones militares más imponentes desde la invasión de Irak en 2003.

Estados Unidos ha hablado con los hechos. Mientras sus diplomáticos negocian en Ginebra la tercera ronda de conversaciones con Irán, el Pentágono ha tejido un cerco que envuelve la región: docenas de barcos de guerra en el Mediterráneo, el mar Rojo, el golfo Pérsico y el mar Arábigo; cientos de aviones de combate, reconocimiento y repostaje desplegados en Turquía, Chipre, Jordania, Israel, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos; y, según fuentes no confirmadas, un tercer portaaviones, el USS George H. W. Bush, navegando desde el Atlántico para sumarse a la cita.

"Impresionante" y "muy inusual"

El almirante Jean-Mathieu Rey, hasta hace poco comandante de las operaciones navales francesas en el Indopacífico, no escatima calificativos: "Desde la invasión de Irak en 2003, la Marina estadounidense prácticamente había abandonado la zona. Este regreso es impresionante". Y añade: "Las fuerzas están listas para actuar si se recibe la orden".

James Arnold, analista y geoestratega británico-estadounidense, va más allá: "Esta concentración está diseñada para llevar a cabo una campaña aérea y naval exitosa contra Irán, proteger a Israel y defenderse de lo que queda de las fuerzas sustitutas de Teherán, Hezbolá y los hutíes".

Un miembro de la comunidad de inteligencia estadounidense, que habla bajo condición de anonimato, introduce el factor sorpresa: "Es inconcebible que el Pentágono movilice tantos recursos y no los utilice. Pero, como en Venezuela, es probable que las cosas ocurran de una manera que nadie espera. El elemento sorpresa es parte del plan".

La vulnerabilidad iraní y la amenaza asimétrica

Frente a este despliegue, la pregunta es obvia: ¿qué puede hacer Irán? Su marina es limitada y su fuerza aérea no puede competir con los F-35 y F-18 estadounidenses. Pero Teherán posee un as bajo la manga: miles de misiles de corto y medio alcance capaces de alcanzar Israel, Arabia Saudí, Catar y las bases estadounidenses en la región.

Esa amenaza justifica el despliegue de sistemas Patriot y THAAD (Terminal High Altitude Area Defense), capaces de interceptar misiles incluso fuera de la atmósfera. La guerra, si llega, no será solo en el aire, sino también en la compleja ecuación de la disuasión.

Los objetivos: tres círculos en la diana

En caso de que las negociaciones fracasen, los comandantes navales estadounidenses tienen ya una lista de prioridades, clasificada en tres categorías:

  1. El programa de misiles de Irán, incluyendo sistemas de lanzamiento y reservas de municiones.
  2. El programa nuclear, con especial atención a las instalaciones de enriquecimiento de uranio de Fardu y Natanz, ya golpeadas en la Operación Martillo de Medianoche del 21 al 22 de junio.
  3. Objetivos políticos y militares: comandantes de la Guardia Revolucionaria, los basij, altos mandos del Ejército, clérigos gobernantes y, potencialmente, el líder supremo, Ali Jamenei.

Sobre el terreno, no se espera una invasión masiva, sino operaciones de fuerzas especiales: los Navy SEAL y la Delta Force podrían llevar a cabo asesinatos selectivos, capturas o acciones de comando.

El precio del poder

Este despliegue tiene un coste estratégico. La Marina estadounidense cuenta con 11 portaaviones, pero solo un tercio están en misión activa. Al concentrar dos (y quizás tres) en Oriente Medio, otras regiones quedan desguarnecidas. Grant Newsham, coronel retirado de la Marina, lo advierte: "Si hay dos o tres portaaviones en Oriente Medio, el nivel de preparación en otras partes del mundo se reduce. No podemos estar en todas partes al mismo tiempo". Y recuerda que la flota ha pasado de 600 buques en la era Reagan a unos 290 hoy.

China, mientras tanto, observa. Aún es incapaz de proyectar poder más allá de los 1.000 kilómetros, pero podría alcanzar esa capacidad en la próxima década. Por ahora, la única superpotencia naval capaz de desplegar una flota así lejos de su territorio es Estados Unidos.

La apuesta final: petróleo, China y la hegemonía global

Si el régimen iraní cayera, Washington ganaría una influencia sin precedentes en el mercado energético mundial. Irán posee la cuarta reserva probada de petróleo del planeta. Sumado al control directo o indirecto sobre Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Irak y Kuwait, Estados Unidos dominaría el tablero energético global como nunca antes.

El gran perdedor sería China, que compra alrededor del 90% de las exportaciones de petróleo iraní: 1,38 millones de barriles diarios. Por eso, esta crisis no es solo por el programa nuclear. Es un momento decisivo en la rivalidad estratégica entre Washington y Pekín. Una batalla por la hegemonía mundial donde la Marina de Estados Unidos, con sus portaaviones y sus marines, podría resultar clave.

Mientras los diplomáticos hablan en Ginebra, los cañones esperan. La historia de Oriente Medio se escribe, una vez más, con tinta de misiles y sombras de buques de guerra.