Los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026 fueron inaugurados este viernes con una ceremonia dividida en dos escenarios, reflejando la geografía única de esta edición: la vibrante metrópolis de Milán y las montañas nevadas de Cortina d’Ampezzo. El espectáculo, celebrado en el estadio de San Siro, buscó transmitir un mensaje de armonía y unidad global, aunque no pudo eludir las tensiones políticas del momento.
Un encendido doble para una Olimpiada descentralizada
Por primera vez, la llama olímpica iluminó dos pebeteros simultáneamente:
- En Milán, las leyendas del esquí Alberto Tomba y Deborah Compagnoni encendieron un diseño inspirado en los nudos de Leonardo da Vinci en el Arco de la Paz.
- A 400 km de distancia, en Cortina, la campeona Sofia Goggia realizó el encendido en la estación que albergará las pruebas de esquí alpino femenino.
Un homenaje a la cultura italiana entre abucheos políticos
La ceremonia fue un desfile de la herencia italiana: desde las cabezas gigantes de los compositores Verdi, Puccini y Rossini hasta un tributo al modisto Giorgio Armani con modelos ataviados en los colores de la bandera nacional.
- Mariah Carey cantó ‘Volare’ en italiano, mientras Andrea Bocelli emocionó con ‘Nessun Dora’.
- Sin embargo, el momento de mayor tensión llegó cuando el vicepresidente de EE.UU., J.D. Vance, apareció en pantalla y fue abucheado por el público. La presencia de agentes del ICE en la delegación estadounidense ya había generado malestar en el gobierno italiano.
Un formato innovador para minimizar el impacto
Estos Juegos, los más extensos geográficamente de la historia, implementaron una ceremonia descentralizada: los atletas desfilaron en las sedes cercanas a sus competencias, evitando traslados innecesarios. El presidente Sergio Mattarella declaró inaugurada la justa, tras un mensaje de la presidenta del COI, Kirsty Coventry, sobre valentía y resiliencia.
Conclusión: la dualidad como símbolo
La inauguración de Milán-Cortina 2026 encapsuló la esencia de esta edición única: una celebración del arte, la montaña y el deporte, pero también un reflejo de un mundo fracturado donde los aplausos y los abucheos conviven bajo los mismos aros olímpicos.