El 16 de agosto de 1863, un puñado de hombres armados tomó el cerro de Capotillo, en la actual provincia de Dajabón, y enarboló la bandera dominicana frente a la ocupación española. Aquel gesto de rebeldía no fue un simple acto de insurrección: fue el detonante de la Guerra de la Restauración, el levantamiento popular que dos años después expulsó a las tropas de la Corona y devolvió a la República su independencia. Más de 160 años después, la fecha sigue siendo uno de los pilares de la identidad nacional.
De la independencia a la anexión
La República Dominicana había proclamado su independencia el 27 de febrero de 1844, pero las primeras décadas de vida republicana estuvieron marcadas por inestabilidad política, crisis económicas y amenazas externas. En ese contexto, el presidente Pedro Santana impulsó la anexión a España, formalizada el 18 de marzo de 1861, con el izamiento de la bandera española en Santo Domingo.
Lejos de traer estabilidad, la anexión generó descontento creciente. La imposición de autoridades coloniales, restricciones a la soberanía y prácticas de dominación chocaron con el sentimiento de independencia forjado desde 1844. El Archivo General de la Nación (AGN) conserva correspondencia, manifiestos y documentos que atestiguan la tensión de aquellos años y el germen de la resistencia.
El Grito de Capotillo
El 16 de agosto de 1863, un grupo de dominicanos liderado por Santiago Rodríguez, Gregorio Luperón, Gaspar Polanco, Pedro Antonio Pimentel, Benito Monción y José Antonio Salcedo tomó el cerro de Capotillo y proclamó la vuelta a la República. Ese acto, conocido como el Grito de Capotillo, marcó el inicio de la guerra contra las tropas españolas. La insurrección se extendió rápidamente, especialmente en la región del Cibao, donde la resistencia popular se organizó en torno a jefes militares que coordinaron ataques, emboscadas y movilizaciones.
Santiago, escenario decisivo
Uno de los episodios más relevantes ocurrió en Santiago de los Caballeros. Según investigaciones del historiador Roberto Cassá, publicadas por el AGN, miles de combatientes participaron en las operaciones que sitiaron la ciudad en septiembre de 1863. El ataque, encabezado por Gaspar Polanco con el apoyo de Gregorio Luperón y otros generales, infligió un duro golpe a las fuerzas españolas y consolidó el control restaurador sobre el norte del país.
La retirada española
La guerra se prolongó hasta 1865. El proceso de retirada de las tropas españolas comenzó el 10 de julio de ese año, con embarcaciones que partieron hacia Cuba y Puerto Rico. El 11 de julio, la salida quedó completada. El Archivo General de la Nación conserva documentos de las negociaciones y de la evacuación que marcan el fin de la ocupación y el retorno a la soberanía.
Un legado que perdura
La Restauración no fue solo una victoria militar. Fue la afirmación de una identidad nacional que se negaba a ser anulada por una potencia extranjera. El 16 de agosto fue instituido como fecha de conmemoración por ser el día en que se encendió la chispa que devolvió la libertad a la República. Cada año, las ceremonias, ofrendas florales y desfiles mantienen viva la memoria de los hombres y mujeres que, con el fusil o con la idea, defendieron el principio de que la soberanía de un pueblo no se negocia.