Salud

Una dosis única de psicodélico podría aliviar la depresión

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La dimetiltriptamina (DMT), uno de los principales componentes psicoactivos de la ayahuasca, podría convertirse en una nueva arma contra la depresión. Un ensayo clínico de fase 2a realizado por investigadores del Imperial College de Londres y publicado en la revista Nature ha demostrado que una sola dosis intravenosa de DMT reduce de forma notable y sostenida los síntomas depresivos en pacientes con depresión de larga duración.

El ensayo: 34 pacientes, 10 años de depresión
El equipo londinense incluyó a 34 participantes que habían convivido con la depresión durante una media de 10,5 años. Fueron divididos aleatoriamente en dos grupos: 17 recibieron una infusión de 21,5 miligramos de DMT durante diez minutos, y los otros 17, un placebo. Ambos grupos recibieron también apoyo psicoterapéutico.

Los resultados, tras un seguimiento de dos semanas, fueron contundentes: quienes recibieron DMT mostraron una reducción significativamente mayor de los síntomas depresivos que el grupo placebo. Y lo más relevante: los efectos se mantuvieron hasta tres meses después del inicio del ensayo.

Ventajas técnicas: sesiones cortas y buena tolerancia
La DMT intravenosa tiene una vida media muy corta —unos cinco minutos— debido a su rápido metabolismo. Esto permite sesiones terapéuticas más breves, lo que podría mejorar la comodidad de los pacientes y reducir costes respecto a otros tratamientos psicodélicos de mayor duración.

En cuanto a seguridad, la DMT fue bien tolerada y no se registraron efectos adversos graves. La mayoría de los efectos secundarios fueron leves o moderados, siendo el más frecuente el dolor en la zona de la inyección.

Las voces de los expertos: esperanza con cautela
Los autores del estudio subrayan que se trata de un ensayo de fase 2a, es decir, un estudio piloto diseñado para obtener pruebas preliminares de eficacia y determinar dosis óptimas. El siguiente paso serán ensayos con muestras más amplias.

Expertos independientes han acogido los resultados con interés, pero también con cautela. James Stone, profesor de psiquiatría en la Brighton and Sussex Medical School, advierte:

"En cuanto a las cuestiones de seguridad, puede existir el riesgo de experiencias negativas durante el episodio psicodélico que resulten aterradoras o traumáticas. Determinados grupos de población podrían ser más susceptibles a este tipo de efectos. Se necesitan más estudios para determinar con qué frecuencia se producen" .

El contexto: una epidemia silenciosa
La depresión afecta a unos 332 millones de personas en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud. Solo en Europa, más de 25 millones viven con trastornos depresivos.

Los tratamientos convencionales —inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) y psicoterapia— logran tasas de respuesta de entre el 40% y el 60%. Pero entre un 20% y un 30% de los pacientes desarrollan depresión resistente al tratamiento, es decir, no responden al menos a dos fármacos distintos.

Los autores del estudio sostienen que existe una necesidad urgente de tratamientos innovadores y señalan que los psicodélicos se han convertido en un candidato prometedor.

El marco legal: pocos países, excepciones contadas
Actualmente, ningún tratamiento psicodélico como la DMT o el LSD cuenta con autorización completa de comercialización en Europa. Su uso se limita a ensayos clínicos y programas de uso compasivo.

Sin embargo, hay movimientos. La República Checa se convirtió el pasado 1 de enero en el primer país de la UE en legalizar la psilocibina (el componente activo de las "setas alucinógenas") para uso médico, en pacientes con depresión resistente a tratamientos convencionales o con deterioro mental grave asociado al cáncer. La terapia solo puede ser administrada por psiquiatras acreditados en centros autorizados.

Conclusión: un camino prometedor, pero largo
El estudio del Imperial College añade una pieza más al rompecabezas de los tratamientos psicodélicos para la salud mental. La DMT, con su perfil de acción rápida y efectos sostenidos, emerge como una alternativa potencial para quienes no responden a los antidepresivos tradicionales.

Pero los investigadores son prudentes: aún quedan años de ensayos, regulaciones y debates éticos antes de que estos compuestos puedan llegar a las farmacias. La ciencia avanza, pero lo hace con la lentitud que exige la seguridad de los pacientes. Mientras tanto, 332 millones de personas esperan respuestas. Y quizás, solo quizás, las estén encontrando en lugares insospechados.