Los bombardeos de EE.UU. e Israel contra Irán cumplen siete días con un balance devastador: el líder supremo Jamenei, decenas de altos mandos y cientos de civiles muertos. La respuesta iraní ha provocado un colapso en el tráfico marítimo del estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20% del petróleo y gas mundial. Mientras, Washington anuncia la mayor venta de bombas a Israel y prepara una escalada sin precedentes.
Golfo Pérsico — Una semana después del inicio de los ataques aéreos de Estados Unidos e Israel contra Irán, el conflicto ha entrado en una fase de consecuencias globales. El estrecho de Ormuz, la arteria energética más vital del planeta, ha visto reducido su tráfico en un 90%, según datos de la firma de análisis Kpler del pasado 4 de marzo. Por esa vía marítima transita aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de petróleo crudo y gas natural licuado (GNL).
La ofensiva, que comenzó el 28 de febrero, logró un impacto inmediato en la cúpula iraní: el líder supremo, ayatolá Alí Jamenei, murió en los primeros bombardeos, dejando un vacío de poder en el país. Decenas de altos mandos militares y figuras clave del régimen también fueron abatidos, lo que ha desorganizado la estructura de mando de la República Islámica.
Represalias y tensión en el Golfo
La respuesta iraní no se ha hecho esperar. Teherán ha lanzado ataques de represalia contra activos militares estadounidenses desplegados en países del Golfo, generando ira y consternación entre las monarquías árabes que albergan bases de Washington. Arabia Saudí, Catar y Kuwait han sido los más afectados por los proyectiles iraníes, a pesar de los esfuerzos de Teherán por limitar los daños colaterales.
La mayor ofensiva, en preparación
Un funcionario estadounidense ha confirmado que se espera el mayor bombardeo de la historia en las próximas fases del conflicto. La Casa Blanca ha cerrado una venta masiva de bombas a Israel, lo que anticipa una escalada aún más letal. Las fuerzas armadas israelíes y estadounidenses se preparan para intensificar los ataques, con el objetivo declarado de destruir el programa nuclear iraní y las capacidades militares del régimen.
Mientras tanto, la comunidad internacional observa con creciente preocupación cómo una guerra que comenzó como una operación quirúrgica se convierte en un conflicto regional de consecuencias impredecibles. El estrecho de Ormuz, corazón energético del mundo, late cada vez más débil. Y los misiles, mientras tanto, siguen cruzando el cielo.