Moscú/Kiev.– La guerra tiene números que duelen, y algunos que escalofrían. Este jueves, Rusia y Ucrania llevaron a cabo un nuevo intercambio de cadáveres de militares fallecidos en combate, el más voluminoso en meses: Moscú entregó los restos de mil soldados ucranianos, mientras que Kiev recibió 41 cuerpos de combatientes rusos. La noticia, confirmada por el diputado ruso Shamsaíl Sharalíev, citado por el periódico RBC, revela una vez más la brutal asimetría en el campo de batalla.
El anterior canje, hace más de un mes, el 26 de febrero, ya había seguido el mismo patrón: mil ucranianos por 35 rusos. Y en enero y octubre del año pasado, las cifras se repitieron con escalofriante regularidad: mil ucranianos por 38 y 31 soldados rusos, respectivamente.
Un acuerdo sellado en Estambul: 10.000 cuerpos ucranianos por 200 rusos
En línea con lo pactado en Estambul a mediados de 2025, Moscú y Kiev han efectuado varios intercambios de cadáveres desde entonces. Según los registros, Rusia habría entregado en torno a 10.000 cuerpos de militares ucranianos, mientras que habría recibido cerca de 200 de los suyos. La proporción es de 50 a 1.
Los expertos militares explican esta descomunal diferencia con un factor implacable: el avance ruso en el frente, aunque lento, constante. Las tropas ucranianas, a menudo en retirada o bajo fuego, no pueden recuperar a sus caídos en acción. Los cuerpos quedan en territorio controlado por el enemigo, y la única vía para repatriarlos es este macabro trueque diplomático.
El precio de la guerra en números que no salen en los titulares
Mientras los partes de guerra se centran en kilómetros de avance y sistemas de armas destruidos, estos intercambios de cadáveres son el recordatorio más crudo de la realidad: detrás de cada estadística hay una familia que espera un entierro. Para Ucrania, recuperar los cuerpos de sus soldados es una prioridad moral y simbólica. Para Rusia, el canje es también una herramienta de propaganda: demuestra que controla el terreno y puede dictar los términos.
El diputado Sharalíev, del partido oficialista Rusia Unida, no ofreció detalles sobre las circunstancias del canje ni sobre los lugares donde se efectuó. Pero el mensaje es claro: mientras la guerra se prolonga, el flujo de cadáveres no se detiene. Y la proporción, tan desigual, es un espejo de la correlación de fuerzas sobre el terreno.
Una herida que no cierra, un recuento que no termina
Hoy, mil familias ucranianas podrán dar sepultura a sus seres queridos. Y 41 rusas harán lo propio. Pero en el frente, la artillería sigue rugiendo, los drones acechan y los soldados caen. El próximo canje, como los anteriores, volverá a traer más números a esta estadística macabra. Porque en esta guerra, como en todas, los muertos no dejan de contar. Y los vivos, los que negocian sus restos, siguen sin encontrar la paz.