Cada 21 de enero, República Dominicana se une en la veneración de Nuestra Señora de la Altagracia, figura espiritual considerada madre protectora de la nación. Miles de fieles se congregan desde primeras horas en la Basílica Catedral de Higüey y en templos de todo el país para participar en misas, procesiones y actos de profunda devoción, en una de las tradiciones religiosas más arraigadas y simbólicas de la identidad dominicana.
La celebración, declarada día no laborable, tiene sus raíces en el siglo XVI y fue formalizada en 1922 cuando el papa Pío XI proclamó a la Virgen de la Altagracia como Patrona del país mediante la Bula Ineffabilis Dei. La fecha es ocasión de peregrinaciones multitudinarias, donde creyentes de diversas regiones acuden para agradecer favores recibidos o elevar plegarias por la salud, la familia y el bienestar de la nación.
La Solemne Eucaristía en la Basílica de Higüey constituye el acto central, con la participación de autoridades nacionales, cuerpo diplomático y líderes eclesiásticos. En su mensaje, la homilía suele enfatizar la unidad familiar como cimiento social, el llamado a la paz y la solidaridad colectiva, y la renovación del compromiso ético en la vida pública y privada.
Más allá de su significado religioso, el Día de la Altagracia refleja la fusión entre fe, historia y cultura popular, reafirmando año tras año un legado espiritual que continúa cohesionando y dando sentido de pertenencia al pueblo dominicano.