Artículo de opinión

Rendición de cuentas: Sin aliento y con poco que criticar

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Cada año, el presidente constitucional de la República, en virtud de lo establecido en los artículos 114 y 128, numeral 2, literal f, de la Constitución, debe rendir cuentas al país sobre la administración presupuestaria, financiera y de gestión correspondiente al año anterior. Este ejercicio democrático va acompañado de un mensaje claro sobre las prioridades del Gobierno en la legislatura que inicia cada 27 de febrero.

En esta ocasión, el pasado viernes correspondió la sexta rendición de cuentas del presidente Luis Abinader, quien presentó ante la nación el balance de su obra de gobierno desde su juramentación el 16 de agosto de 2020, así como las ejecuciones realizadas conforme a la Ley de Presupuesto de cada año.

Esta rendición era particularmente esperada. En un país donde el ambiente político es permanente y aunque los plazos formales de la Ley de Partidos y la Ley Electoral aún no han iniciado, el escenario actual muestra una oposición dividida entre el PLD y la FP, ambos compitiendo por consolidarse como opción de poder de cara al 2028.

De igual manera, dentro del oficialista Partido Revolucionario Moderno (PRM), ya comienzan a perfilarse aspiraciones internas, considerando que la Constitución impide una nueva repostulación del presidente Abinader, y que él mismo ha reiterado públicamente que no continuara en el poder más allá del 2028. Sin embargo, algo está claro: no puede hablarse de continuidad del oficialismo si la gestión no culmina con alta valoración, obras tangibles y resultados reconocidos por la mayoría de la sociedad.

Por eso, esta rendición de cuentas tenía un peso especial. Y el presidente, demostrando madurez política y visión estratégica, se preparó para ofrecer lo que podría considerarse el más sólido de sus seis discursos. Con una extensión de 74 páginas y casi tres horas de alocución, lejos de resultar tedioso, fue un discurso emotivo, enérgico y cuidadosamente estructurado.

Para mí que estuve presente, uno de los momentos más impactantes ocurrió cuando comenzó a enumerar, provincia por provincia, las obras ejecutadas en todo el territorio nacional. Legisladores oficialistas y de oposición se pusieron de pie para aplaudir al escuchar las realizaciones en sus respectivas demarcaciones, reconociendo el alcance territorial de la gestión. Esta estrategia dejó sin margen a un discurso crítico contundente previamente preparado por sus adversarios.

Al concluir la extensa enumeración de las obras realizadas en cada provincia, el presidente cerró con una frase que marcó el entusiasmo de toda la Asamblea con el mensaje: “Esto es por si querían obras”.

A diferencia de discursos anteriores, centrados en cifras y proyecciones, en esta ocasión tras cinco años y medio de gestión, se presentaron resultados concretos. Entre las obras destacadas figuran la Línea 2C del Metro de Santo Domingo, el Teleférico de Los Alcarrizos, las circunvalaciones de Azua y Baní, el desnivel de Pintura, la avenida La Ecológica, la intervención de Arroyo Gurabo y el parque Cristo Park, entre muchas otras iniciativas que impactan directamente la calidad de vida de miles de dominicanos.

Asimismo, importantes proyectos se encuentran en fase de culminación para este 2026, como los desniveles de la Plaza de la Bandera, el Monorriel de Santiago y el Teleférico de Haina, obras que sumándose a las ya ejecutadas continuaran beneficiando a toda una nación. 

Uno de los anuncios más innovadores del discurso de rendición de cuentas fue la propuesta de construir un Puerto Espacial Comercial en la provincia de Pedernales, destinado al lanzamiento de cohetes y satélites. Esta iniciativa, junto con el Puerto Internacional de Intercambio Digital impulsado por Google, proyecta al país como un destino estratégico para la inversión tecnológica y la generación de empleos de alto valor.

Hoy, con obras palpables y ejecutadas, el Gobierno entra en su etapa final con un panorama distinto al de sus primeros años. Si el PRM logra concluir la mayoría de los proyectos iniciados antes del 16 de agosto de 2028, la oposición tendrá cada vez menos espacio para una crítica basada en la falta de resultados, lo que provocaría una permanencia indiscutible en el poder.

El tiempo político avanza, pero esta rendición de cuentas dejó una impresión clara: una gestión que busca cerrar su ciclo mostrando hechos más que promesas