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¿Quién diseñó el trofeo del Mundial de la FIFA?

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Cuando el capitán de España o de Argentina alce el trofeo de la Copa del Mundo sobre el césped del MetLife Stadium, estará sosteniendo algo más que un objeto de oro y malaquita. Estará levantando la obra maestra de un escultor italiano que supo condensar el esfuerzo del atleta, el júbilo del aficionado y el instante de la victoria en una única forma en espiral. Esa fue la genialidad de Silvio Gazzaniga, el milanés que, en 1971, ganó el concurso convocado por la FIFA para diseñar un nuevo trofeo después de que Brasil se quedara en propiedad con la copa original al conquistar su tercer Mundial en 1970.

El origen de un icono
La historia comienza en el taller del barrio de Brera, en Milán, donde Gazzaniga, entonces un escultor de 50 años, esbozaba incansablemente bocetos hasta dar con la forma definitiva: dos figuras humanas que ascienden en espiral como una doble hélice de ADN, con las manos extendidas hacia un orbe que representa el mundo. Su propuesta se impuso a más de cincuenta diseños de veinticinco países, y para convencer al jurado, Gazzaniga no se limitó a los dibujos: creó un prototipo en yeso a tamaño real que permitió evaluar la copa como un objeto tridimensional. "La victoria se expresa a través de unos brazos que recuerdan a las alas de la Victoria, y recogen el triunfo del atleta, pero también el júbilo del aficionado", explicó su hijo Giorgio, que era adolescente cuando su padre esculpió el diseño.

El precedente: la copa Jules Rimet
El trofeo actual no fue el primero. La copa original, diseñada por el escultor francés Abel Lafleur, representaba a Niké, la diosa griega de la victoria, y se bautizó como Trofeo Jules Rimet en honor al presidente de la FIFA que fundó el Mundial. Estaba hecha de plata de ley chapada en oro sobre una base de lapislázuli, y según las normas de entonces, cualquier selección que la ganara tres veces se quedaría con ella de forma permanente. Brasil lo logró en 1970, y la copa pasó a engrosar sus vitrinas. Pero su historia fue turbulenta: fue robada en dos ocasiones. La primera, en 1966, mientras se exhibía al público en Inglaterra; un perro llamado Pickles la encontró bajo un seto en el sur de Londres. La segunda, en 1983, en la sede de la Confederación Brasileña de Fútbol, de donde desapareció para siempre, fundida, según se cree, por los ladrones.

El trofeo que no se queda en casa
La nueva copa, diseñada por Gazzaniga, mide 36 centímetros y está fundida en oro de 18 quilates. Su base contiene dos anillos de malaquita verde que simbolizan los terrenos de juego. Pero a diferencia de su predecesora, la FIFA no permite que los campeones se la queden. Tras la ceremonia, el trofeo original regresa a la sede de la organización en Suiza, y el equipo vencedor recibe una réplica chapada en oro. La norma cambió en 1974, cuando el capitán de la Alemania Federal, Franz Beckenbauer, levantó por primera vez este trofeo tras la final de Múnich. Gazzaniga hijo recuerda aquel momento como la transformación de un objeto en un icono: "La verdadera explosión de alegría llegó cuando el equipo alemán levantó la copa y todo el estadio estalló".

Un legado más allá del fútbol
Silvio Gazzaniga, que falleció en 2016 a los 95 años, no solo diseñó el trofeo del Mundial. También creó algunas de las copas más emblemáticas del fútbol europeo: la Copa de la UEFA, la Supercopa de la UEFA y la Copa Intercontinental. En 2003, el Ayuntamiento de Milán le concedió el Ambrogino d’Oro, uno de los máximos galardones cívicos, y en 2011 recibió un premio internacional por su contribución al diseño de medallas y trofeos. Este año, las autoridades milanesas descubrieron una placa conmemorativa en su antiguo estudio de la Via Alessandro Volta, donde nació la copa que el domingo volverá a ser levantada. Cada cuatro años, el Mundial rinde un homenaje póstumo a su genio. Y cuando el nuevo campeón eleve el trofeo hacia el cielo de Nueva York, estará celebrando, sin saberlo, el esfuerzo, el júbilo y la victoria que Gazzaniga supo esculpir en oro hace más de medio siglo.