Artículo de opinión

Onceavo aniversario del PRM: una oportunidad para el recuento del gobierno con su partido

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El Partido Revolucionario Moderno (PRM) arriba a su onceavo aniversario como la principal fuerza política del país y como partido de gobierno. La celebración en la Gran Arena del Cibao, con la presencia del presidente Luis Abinader, no debe limitarse a un acto simbólico ni protocolar. Este aniversario debe marcar un punto de inflexión político y estratégico.

El PRM ocupa hoy la primera casilla electoral porque fue el partido más votado en el 2024. Pero ese triunfo no cayó del cielo ni fue producto de tecnócratas improvisados ni de aliados de ocasión. Ese triunfo fue el resultado del sacrificio, la entrega y la lealtad de miles de perremeístas que caminaron barrios, campos y comunidades durante años, incluso cuando el poder parecía inalcanzable.

Sin embargo, es oportuno que, además de celebrar un nuevo aniversario, hagamos un ejercicio de reflexión. Luego de más de cinco años y seis meses en el poder, es necesario ajustar y corregir políticas públicas que aún no han sido implementadas en el porcentaje esperado.

Es importante reconocer que gracias a la maquinaria estructural de las bases del PRM, tanto en el año 2020 como en el 2024, esta organización cargó la antorcha del cambio, la continuidad y el triunfo, permitiendo que el presidente Luis Abinader y sus funcionarios hoy ocupen posiciones en la administración pública. No obstante, pareciera que en algunos casos haber trabajado, sacrificado y entregado todo por el partido se ha convertido en una debilidad a la hora de ser tomado en cuenta en el Estado. Esta situación no puede seguir subsistiendo.

Con el tiempo que el PRM lleva gobernando, ya se cuenta con técnicos y profesionales altamente capacitados, con la preparación suficiente para ocupar cualquier cargo público. Esto desmonta la narrativa, aún persistente, de que muchos compañeros no están preparados para asumir responsabilidades en la administración estatal.

Es cierto que al llegar al poder, algunos no contaban con la experiencia necesaria para posiciones que exigían altos niveles de tecnicismo, producto de la modernización y digitalización del Estado. Sin embargo, esa realidad ha cambiado. La experiencia acumulada durante estos años ha fortalecido a muchos compañeros, quienes hoy están más que preparados para asumir mayores responsabilidades. 

De cara al futuro, y si el PRM aspira seriamente a retener el poder más allá del 2028, debe iniciar de inmediato una reconquista política de sus bases. No se trata de favores, se trata de justicia política. Se trata de reconocer con hechos, no con discursos a quienes hicieron posible que hoy el presidente y sus funcionarios gobiernen. 

El gobierno no puede seguir sostenido por figuras que solo aparecen cuando hay poder, pero desaparecen cuando hay crisis. Muchos de los errores administrativos que han obligado al presidente a derogar designaciones provienen precisamente de esos “oportunistas y altos perfiles” sin compromiso partidario, sin lealtad y sin dolencia por el PRM.

Por ello, se hace necesario un reencuentro real en todo el territorio nacional, mediante una política partidaria que asigne a funcionarios y dirigentes la responsabilidad de atender y dar seguimiento a los compañeros que aún no han podido integrarse al tren gubernamental.

No se puede aspirar a una victoria en primera vuelta con una base frustrada, desmotivada y silenciada. La matemática electoral es clara: sin las bases no hay estructura, sin estructura no hay defensa del voto y sin defensa del voto no hay poder.

La unidad entre los presidenciables es importante, pero aún más lo es el fortalecimiento institucional de las estructuras partidarias, que son las que garantizan la gobernabilidad y la continuidad del proyecto político.

Mientras tanto, la oposición se reorganiza con una ambición desmedida por retornar al poder. Usarán cualquier fisura interna, cualquier descontento y cualquier traición silenciosa para avanzar. Ignorar esta realidad sería un error político imperdonable.

El mensaje debe ser claro y sin medias tintas:

Los perremeístas fueron los que trabajaron.

Los perremeístas fueron los que ganaron.

Los perremeístas fueron los que defendieron al partido y al presidente.

Por lo tanto, son los perremeístas son quienes deben ocupar los espacios del Estado, aportar desde la función pública y ser reconocidos con hechos. Ha llegado la hora de honrar los compromisos, desplazar a los oportunistas y hacer justicia política.

Porque ningún partido sobrevive gobernando de espaldas a su gente.