La presidenta Claudia Sheinbaum muestra el trofeo de la Copa del Mundo en su conferencia matutina mientras el país acelera los preparativos para el evento. Sin embargo, la sombra de la violencia tras la muerte de 'El Mencho' y las tensiones sociales por el acceso al agua y el encarecimiento de la vivienda marcan el camino hacia el partido inaugural del 11 de junio.
Ciudad de México — Faltan 100 días para que el balón ruede en el Estadio Azteca. México, que compartirá la organización del Mundial de fútbol 2026 con Estados Unidos y Canadá, vive una paradoja: la ilusión deportiva choca con una realidad compleja de inseguridad, infraestructura desigual y tensiones sociales.
La presidenta Claudia Sheinbaum encarnó este martes el rostro optimista de la cuenta atrás. En su conferencia matutina, mostró sonriente el trofeo de la Copa del Mundo ante las cámaras. "Para los niños y niñas que ahorita están en la escuela, pero más tarde van a ver la mañanera por las redes sociales, pues les traemos la Copa", afirmó, en un gesto que buscó contagiar el entusiasmo popular.
El desafío de la seguridad
Pero el contexto que envuelve al torneo dista de ser idílico. La reciente muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, 'El Mencho', líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), en un operativo militar desató una ola de violencia con bloqueos y enfrentamientos en varios estados. El saldo oficial: al menos 25 soldados y 30 presuntos criminales fallecidos.
En las tres sedes mundialistas —Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey— la percepción de riesgo persiste entre sectores de la población. Sheinbaum ha reiterado que "no hay ningún riesgo" para los asistentes y ha destacado la coordinación entre los tres niveles de gobierno y la "confianza" depositada por la FIFA.
El plan de seguridad integral incluye modernización de videovigilancia, monitoreo en tiempo real, operativos conjuntos y tecnología antidrones para proteger estadios y zonas de alta concentración de aficionados.
Infraestructura y movilidad
El Gobierno ha destinado 6.000 millones de pesos (unos 339 millones de dólares) en el último año para fortalecer el transporte público en las sedes. Se han impulsado ampliaciones y modernizaciones de sistemas de metro y movilidad urbana, aunque especialistas advierten que el volumen de visitantes —se esperan cientos de miles de turistas— supondrá un reto logístico inédito.
Los problemas estructurales persisten. En la capital, el acceso desigual al agua potable sigue siendo una asignatura pendiente, y han surgido protestas contra el sobreturismo y el encarecimiento de rentas y servicios en zonas céntricas. Organizaciones vecinales alertan de que la especulación inmobiliaria vinculada a los grandes eventos podría expulsar a residentes de larga data.
La prueba de fuego
A tres meses del partido inaugural, donde la selección mexicana se enfrentará a Sudáfrica en el Estadio Azteca, el país afronta una prueba que trasciende lo deportivo. La comunidad internacional observará no solo el espectáculo futbolístico, sino la capacidad de México para garantizar seguridad, movilidad y servicios básicos en un entorno de alta complejidad.
El Mundial 2026 será el más extenso de la historia, con 48 selecciones y 104 partidos. Para México, que ya organizó las copas de 1970 y 1986, la cita representa la oportunidad de reivindicarse como sede de primer nivel. Pero también expone las grietas de un país que, mientras muestra el trofeo con una sonrisa, lidia con los ecos de la violencia y las demandas de justicia social.
Los próximos 100 días dirimirán si el balance se inclina hacia la fiesta o hacia la tormenta.