Santo Domingo.– El 8 de abril de 2025 quedó grabado a fuego en la memoria colectiva de República Dominicana. Aquella noche, el techo de la discoteca Jet Set se desplomó durante una presentación artística, sepultando sueños, arrancando vidas y dejando una herida que aún no cierra. Un año después, cuando el país recuerda a las más de 230 personas fallecidas y a los cientos de heridos que aún luchan por recuperarse, la familia Espaillat —propietaria del establecimiento— emitió un comunicado en el que expresa su pesar y se solidariza con las víctimas y sus seres queridos.
“Ese dolor no resulta ajeno para nosotros”, señala el texto, en un reconocimiento explícito de la magnitud de la tragedia que conmocionó a la nación y que se ha convertido en el más grande desastre no natural de la historia reciente del país.

Un año de silencio, un día de memoria
Durante estos doce meses, la familia Espaillat ha permanecido en un discreto segundo plano, mientras la justicia sigue su curso y los sobrevivientes reconstruyen sus vidas entre secuelas físicas y emocionales. El comunicado de este martes no entra en detalles sobre el proceso judicial ni sobre responsabilidades, pero sí hace un llamado explícito a honrar la memoria de los fallecidos “con dignidad” y a mantener la solidaridad colectiva.
“Reconocemos el dolor de los sobrevivientes y de las familias afectadas. Esta fecha pertenece, principalmente, a quienes vivieron la tragedia en primera persona”, expresa el documento, cediendo simbólicamente el protagonismo a las víctimas.
La herida que no cierra: 236 muertos, más de 180 heridos
El colapso de la discoteca Jet Set ocurrió durante la madrugada del 8 de abril de 2025, cuando cientos de personas disfrutaban de un concierto. El techo se vino abajo sin previo aviso, atrapando a decenas bajo los escombros. Las labores de rescate se prolongaron durante días, y el país entero se paralizó ante la magnitud de la desgracia. El saldo final: al menos 236 fallecidos y más de 180 heridos, muchos de ellos con discapacidades permanentes.
La tragedia desató una ola de consternación internacional y provocó interrogantes sobre las normas de seguridad en establecimientos nocturnos. Las investigaciones apuntaron a fallos estructurales y a presuntas negligencias, pero el proceso judicial aún no ha concluido.
Un llamado a la solidaridad y a la fortaleza colectiva
La familia Espaillat concluye su mensaje reiterando su respeto hacia los afectados y expresando su deseo de que quienes continúan enfrentando las secuelas —físicas, psicológicas y económicas— “encuentren consuelo y fortaleza”. No piden perdón ni ofrecen explicaciones. Solo se limitan a estar presentes en la fecha más dolorosa de sus vidas y de la historia dominicana.
Hoy, un año después, el lugar donde se alzaba Jet Set es un espacio vacío, un memorial improvisado donde familiares y amigos dejan flores, velas y fotografías. La música ya no suena allí, pero el eco de la tragedia sigue resonando en cada familia que perdió a un ser querido, en cada sobreviviente que carga con las marcas de aquella noche.
El comunicado de los Espaillat no devuelve a los muertos, no borra el dolor ni acelera la justicia. Pero es un gesto: el reconocimiento de que, por encima de las responsabilidades legales, hay un dolor humano compartido. Y en un país que aún llora, ese reconocimiento, por tardío que sea, es un paso hacia la sanación colectiva.