El líder norcoreano aprovecha la cita quinquenal para consolidar su estatus como potencia atómica, ascender a su influyente hermana y exhibir a su hija como posible heredera. Mientras, condiciona cualquier acercamiento a Washington al reconocimiento de su arsenal nuclear.
Pionyang — Corea del Norte ha hablado. Y lo ha hecho con la voz de su líder, Kim Jong-un, en el escenario político más importante del país: el 9º Congreso del Partido de los Trabajadores, la cita que marca la hoja de ruta del régimen para los próximos cinco años. El mensaje, difundido este jueves por la agencia estatal KCNA, no admite matices: Pionyang ampliará y fortalecerá sus fuerzas nucleares, y cualquier acercamiento a Estados Unidos pasa por el reconocimiento de su estatus como potencia atómica.
"Fortalecer y ampliar aún más las fuerzas nucleares del Estado y ejercer plenamente el estatus de Estado poseedor de armas nucleares es la voluntad firme e inquebrantable" del partido, proclamó Kim, según el informe oficial del congreso, que concluyó la víspera con un desfile militar en el que el líder apareció acompañado de su hija adolescente, un gesto que los analistas interpretan como una señal de preparación sucesoria.
La puerta a Washington, entreabierta
Pese a la retórica belicista, Kim dejó un resquicio para la diplomacia. Eso sí, con condiciones muy claras: si Washington abandona sus históricas demandas de desnuclearización y respeta el estatus norcoreano como Estado nuclear, entonces "no habría razón para no llevarse bien" con EE.UU.
Gabriela Bernal, experta del Centro Europeo para Estudios de Corea del Norte, explicó a EFE que "Kim Jong-un quiere sinceramente que Estados Unidos reconozca a Corea del Norte como un Estado con armas nucleares y tenga relaciones normales con él, en pie de igualdad". Un escenario que, de materializarse, supondría un giro de 180 grados en la política estadounidense hacia la península.
Kim se reunió en tres ocasiones con Donald Trump durante el primer mandato del republicano, y durante la visita de éste a Corea del Sur el pasado octubre se especuló con un posible cuarto encuentro que nunca llegó a concretarse.
Hostilidad hacia Seúl y alianza con Moscú
Si hacia Washington hay una rendija, hacia Seúl la puerta está no solo cerrada, sino tapiada. Kim calificó de "engañosos" los gestos conciliadores del presidente surcoreano, Lee Jae-myung, y reiteró que Corea del Sur sigue siendo una "entidad hostil" con la que no tiene intención de tratar.
En el plano internacional, el líder norcoreano evitó mencionar explícitamente la fortalecida relación militar con Rusia, pero sí alabó la participación de las tropas norcoreanas desplegadas en el extranjero, en clara referencia a los soldados enviados para apoyar a Moscú en su guerra contra Ucrania.
Leif-Eric Easley, profesor de estudios internacionales en la Universidad Femenina Ewha, apuntó que "Corea del Norte se abstuvo de anunciar una nueva iniciativa diplomática hacia Corea del Sur o Estados Unidos y optó por continuar su curso actual de desarrollo de la autosuficiencia mientras extrae tantos beneficios como sea posible de Rusia y China".
Economía: "gran transformación" con cifras de crecimiento
En el terreno económico, Kim se mostró inusualmente optimista. Habló de una "gran transformación" en el último lustro, un contraste con el tono sombrío del congreso de 2021, cuando admitió las penurias causadas por tifones, la pandemia y las sanciones.
El plan ahora pasa por una ambiciosa campaña de desarrollo regional que contempla la construcción de instalaciones industriales en 20 regiones al año durante una década, con fábricas de alimentos, bienes básicos, textiles y papel destinadas a modernizar la producción local.
Los datos del banco central surcoreano parecen respaldar cierto optimismo: tras una caída del 4,5% del PIB en 2020, la economía norcoreana habría crecido un 3,1% en 2023 y un 3,7% en 2024. Cifras modestas, pero que apuntan a una recuperación.
La familia, al poder
El congreso dejó también movimientos en la cúpula del poder. Kim fue ratificado como secretario general del partido, un gesto meramente simbólico que refuerza su liderazgo incontestado. Su hermana, la influyente Kim Yo-jong, fue ascendida a directora de departamento, consolidando su peso en el aparato.
Pero el gesto más comentado fue la aparición de la hija adolescente del líder en el desfile de clausura, situada junto a su padre en la tribuna de honor. La joven, cuyo nombre se cree que podría ser Ju-ae o Ju-hae, ha incrementado su presencia en actos de alto perfil en los últimos años. Medios surcoreanos citan fuentes anónimas del Gobierno que apuntan a que podría estar desempeñando funciones como "directora general de asuntos de misiles", recibiendo informes de mandos militares y participando en la supervisión del programa armamentístico.
El retrato de familia, en definitiva, es también el retrato del poder. Y en Corea del Norte, el poder tiene nombre de dinastía.