El último acuerdo bilateral que limitaba los arsenales nucleares estratégicos entre Estados Unidos y Rusia expiró este jueves, sumiendo al mundo en una era de incertidumbre sin precedentes y abriendo la puerta a una potencial nueva carrera de armamentos. El tratado New START, firmado en 2010, llegó a su fin sin negociaciones de reemplazo a la vista, dejando sin vigencia los límites y mecanismos de verificación que durante años contuvieron el tamaño de las mayores reservas atómicas del planeta.
¿Qué se pierde con el fin del New START?
El tratado, suscrito por Barack Obama y Dmitri Medvédev, establecía techos claros:
- Máximo de 1.550 cabezas nucleares estratégicas desplegadas.
- Límite de 700 misiles balísticos y bombarderos listos para su uso.
- Un sistema de inspecciones in situpara verificar el cumplimiento (suspendido en 2020 y nunca reinstaurado).
Su expiración elimina el último pilar de transparencia y previsibilidad entre ambas potencias, que en conjunto poseen cerca del 90% de las armas nucleares globales.
Narrativas enfrentadas en un escenario de máxima tensión
Las posturas de Washington y Moscú reflejan la profunda desconfianza actual:
- Rusia: Vladímir Putin había declarado en 2023 la suspensión de su participación, alegando la imposibilidad de permitir inspecciones mientras Occidente buscaba su "derrota" en Ucrania. No obstante, en 2025 ofreció congelar los límites del tratado por un año más, advirtiendo que su fin sería "desestabilizador".
- Estados Unidos: La administración Trump ha mantenido una línea dura. El secretario de Estado, Marco Rubio, afirmó que cualquier futuro acuerdo debe incluir a China, cuyo arsenal crece rápidamente. Horas antes del vencimiento, Donald Trump había aludido a planes de reanudar pruebas nucleares subterráneas: "Vamos a hacer algunas pruebas… Si ellos van a hacerlo, nosotros también".
El factor China: el dilema de la trilateralidad
La negativa categórica de China a sumarse a cualquier tratado de control de armas nucleares es un obstáculo mayor. Pekín, que ha duplicado su arsenal en la última década (a unas 600 ojivas), argumenta que su fuerza nuclear es muy inferior a la de EE.UU. y Rusia, y en su lugar promueve una política de "no primer uso". La exigencia de Washington de una negociación trilateral parece, por ahora, un callejón sin salida.
Europa nuclear: Reino Unido y Francia se coordinan
En respuesta al vacío dejado por el New START y a la amenaza rusa, las potencias nucleares europeas han fortalecido su cooperación. En 2025, Francia y el Reino Unido firmaron la Declaración de Northwood, un acuerdo histórico para profundizar el diálogo técnico y explorar la coordinación estratégica de sus fuerzas disuasorias, marcando un giro significativo en la defensa europea.
Un futuro incierto y más peligroso
La expiración del tratado ocurre en el peor contexto posible:
- Rusia ha modernizado su tríada nuclear, desplegado nuevos misiles hipersónicos como el Oreshnik y probado el dron submarino nuclear Poseidón.
- EE.UU. avanza en costosos programas como el misil Sentinel y el bombardero furtivo *B-21*, además del proyecto de defensa espacial "Cúpula Dorada".
- Ambas partes han rebajado retóricamente el umbral del uso nuclear.
Conclusión: de la contención a la incertidumbre
Como advirtió Barack Obama, esta expiración "acabaría inútilmente con décadas de diplomacia". El mundo entra ahora en una nueva y peligrosa fase en la que, por primera vez en medio siglo, las dos principales potencias nucleares operarán sin reglas acordadas, sin límites verificados y sin el contrapeso de la confianza mutua. El fantasma de una carrera de armamentos estratégicos, con todos los riesgos de escalada y proliferación que conlleva, vuelve a planear sobre la seguridad global.