Objetivos energéticos en Asalouyeh, en la Zona Económica Especial de Energía de Pars Sur, son alcanzados por proyectiles. Los equipos de rescate combaten incendios mientras la tensión se dispara tras los ataques con drones iraníes contra Tel Aviv.
TEHERÁN.- La escalada bélica entre Irán y la alianza encabezada por Estados Unidos e Israel ha alcanzado un nuevo y peligroso hito. Este miércoles, aviones de combate estadounidenses e israelíes llevaron a cabo un ataque conjunto contra refinerías de gas iraníes ubicadas en la Zona Económica Especial de Energía de Pars Sur, en la ciudad portuaria de Asalouyeh, en la costa sur de Irán, según informó la agencia iraní Tasnim.
El proyectil impactó contra una parte de las instalaciones de gas, desatando un incendio de proporciones considerables. Un responsable de seguridad de la provincia de Busher, donde se encuentra la refinería, confirmó el ataque y señaló que "los equipos de rescate y de extinción de incendios comenzaron a combatir el fuego de inmediato". La fuente, cuya identidad no fue revelada, instó a los ciudadanos a "abstenerse de acercarse al lugar del incidente y mantener la calma".
Un ataque sin precedentes
La naturaleza del objetivo ha despertado especial alarma. Asalouyeh alberga algunas de las infraestructuras energéticas más sensibles de Irán, incluyendo el complejo de Pars Sur, clave para la producción y procesamiento de gas natural. Se trata de la primera vez que estas instalaciones son directamente atacadas desde el inicio del conflicto.
El bombardeo se produce apenas un día después de que Irán lanzara una oleada de drones contra el aeropuerto Ben Gurión, en Tel Aviv, en represalia por la muerte de dos altos cargos iraníes. Aquel ataque dejó dos víctimas mortales en Ramat Gan, las primeras en territorio israelí desde el 9 de marzo.
La cadena de represalias
La acción de este miércoles no es un hecho aislado, sino el último eslabón de una espiral de violencia que se intensifica por horas. Horas antes, Israel confirmaba el asesinato del ministro de Inteligencia iraní, Ismail Jatib, en un bombardeo selectivo. Una baja de máximo nivel que se suma a las de Ali Lariyani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, y Gholamreza Soleimani, comandante de la milicia Basij, ambos muertos en ataques previos.
El pasado 14 de marzo, Estados Unidos ya había atacado la isla iraní de Jarg, considerada el centro neurálgico de la industria petrolera de la República Islámica. En aquella ocasión, el presidente Donald Trump calificó la operación como uno de los bombardeos "más poderosos" de la historia de Oriente Medio y aseguró que fueron "aniquilados" todos los objetivos militares en la isla.
La amenaza iraní
Tras el bombardeo de Jarg, Irán lanzó una advertencia clara: destruiría "toda la infraestructura petrolera, económica y energética relacionada con Estados Unidos" en Oriente Medio si sus instalaciones volvían a ser atacadas. La promesa, hasta ahora, no se ha cumplido, pero el ataque de este miércoles acerca peligrosamente la posibilidad de una respuesta aún más contundente.
Mientras los equipos de rescate trabajan para controlar las llamas en Asalouyeh, la comunidad internacional observa con creciente inquietud cómo el conflicto trasciende los objetivos militares tradicionales para adentrarse en el corazón de la infraestructura energética, con consecuencias impredecibles para la estabilidad regional y global.