La investigación, publicada en The Lancet Psychiatry, demuestra que la intervención conocida como ICTI, que utiliza el clásico juego de bloques, disminuye drásticamente los flashbacks en personas que han sufrido traumas. El 70% de los participantes quedó completamente libre de recuerdos intrusivos tras seis meses
Uppsala. – Un videojuego de los años 80, con gráficos simples y una mecánica adictiva, podría convertirse en una herramienta terapéutica contra el trauma. Una nueva investigación publicada en The Lancet Psychiatry ha demostrado que jugar al Tetris de manera controlada reduce significativamente los recuerdos intrusivos asociados a experiencias traumáticas, y sus beneficios se mantienen al menos seis meses despuésdel tratamiento.
El problema: cuando la memoria se convierte en pesadilla
Los recuerdos intrusivos, conocidos popularmente como flashbacks, son uno de los síntomas centrales del trastorno de estrés postraumático (TEPT) . Aparecen de forma repentina, sin aviso, y secuestran la atención de quien los padece, sumergiéndolo nuevamente en la experiencia traumática.
"Incluso un solo y fugaz recuerdo intrusivo de un trauma pasado puede tener un fuerte impacto en la vida diaria, secuestrar la atención y dejar a la gente a merced de emociones no deseadas e intrusivas" , explicó la autora principal del estudio, Emily Holmes, profesora de psicología en la Universidad de Uppsala.
La solución: Tetris como "competidor visual"
El tratamiento, denominado Intervención de Tarea de Imágenes en Competencia (ICTI) , fue desarrollado en la Universidad de Uppsala en colaboración con P1vital, la Universidad de Cambridge y la Universidad de Oxford. Su funcionamiento es sencillo pero ingenioso:
- Evocación breve: los participantes recuerdan el trauma durante unos instantes, sin necesidad de describirlo ni entrar en detalles.
- Rotación mental: se les enseña a utilizar la habilidad cognitiva de imaginar figuras en movimiento.
- Tetris lento: aplican esa habilidad jugando al Tetris en sesiones de unos 20 minutos, a un ritmo más pausado que el habitual.
El objetivo es ocupar las áreas visuoespaciales del cerebro, compitiendo directamente con los flashbacks visuales y reduciendo su viveza, impacto emocional y frecuencia.
Los resultados: de 14 recuerdos a la semana a ninguno
El equipo de investigación se centró en profesionales sanitarios que habían vivido sucesos traumáticos durante la pandemia de COVID-19. Los participantes se dividieron en tres grupos:
- Grupo ICTI: recibió la intervención con Tetris.
- Grupo de música clásica: escuchó música como placebo.
- Grupo de control: recibió el tratamiento habitual.
Los resultados fueron contundentes:
- Al inicio, los participantes sufrían una media de 14 recuerdos intrusivos a la semana.
- A las cuatro semanas, el grupo ICTI había reducido esa cifra a solo un recuerdo semanal, diez veces menos que los otros grupos.
- A los seis meses, el 70% de las personas del grupo ICTI estaba completamente libre de recuerdos intrusivos.
Beneficios colaterales: menos ansiedad y depresión
Los investigadores observaron que la reducción de los flashbacks no solo aliviaba el síntoma específico, sino que mejoraba el cuadro general:
"La ansiedad, la depresión y el funcionamiento general mejoraron a partir de la cuarta semana, con independencia del nivel de TEPT que presentaban los participantes al inicio de la investigación" , señala el estudio.
Un tratamiento pensado para la vida real
Holmes destacó la filosofía detrás de la intervención:
"Nuestra intervención se centra en las imágenes mentales, no en las palabras, y está diseñada para ser lo más suave, breve y práctica posible, de modo que encaje en la vida ajetreada de la gente" .
Conclusión: cuando los píxeles ayudan a sanar
El Tetris, ese juego aparentemente simple de encajar piezas, ha demostrado tener un potencial terapéutico insospechado. Al competir con los flashbacks por los mismos recursos visuales del cerebro, ayuda a debilitar los recuerdos traumáticos y devuelve a las personas el control sobre su propia mente.
La investigación abre la puerta a tratamientos no farmacológicos, accesibles y de bajo costo para abordar el TEPT y otros trastornos relacionados con el trauma. Mientras la ciencia avanza, una cosa queda clara: a veces, la cura puede estar donde menos la esperamos, incluso en un videojuego de bloques de los años 80.