La epidemia de ébola que azota el este de la República Democrática del Congo (RDC) ha alcanzado ya los 1.309 muertos y 2.973 casos confirmados, según el último boletín del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) con datos recopilados hasta el 23 de julio. La tasa de letalidad se sitúa ahora en el 44 %, un incremento preocupante respecto a semanas anteriores, mientras 766 pacientes permanecen en aislamiento u hospitalización y solo 540 personas han logrado recuperarse. El rastreo de contactos, que apenas alcanza el 73,9 %, es calificado por el INSP como "insuficiente", lo que ha llevado al organismo a exigir un "refuerzo" urgente de la vigilancia.
El brote, declarado el pasado 15 de mayo en la provincia de Ituri, fronteriza con Sudán del Sur y Uganda, se ha extendido a cinco provincias: Kivu del Norte, Kivu del Sur, Haut-Uele (este) y Tshopo (centro-norte). Aunque Uganda, que registró 20 contagios —15 de ellos importados de la RDC— y dos fallecimientos, dio de alta a su último paciente el 16 de julio y ha iniciado la cuenta atrás de 42 días sin nuevos casos para declarar el fin de la epidemia en su territorio, la situación en la RDC sigue siendo crítica. El INSP advierte que la transmisión continúa en "fase activa con un elevado nivel de circulación del virus", y pide prudencia en la interpretación de los datos debido a los retrasos en la notificación.
La cepa responsable, Bundibugyo, tiene una tasa de letalidad que oscila entre el 30 % y el 50 % y carece de vacuna autorizada o tratamiento específico, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), que califica el riesgo de expansión en África subsahariana como "alto". Este brote es el decimoséptimo que golpea a la RDC y ya es el tercero más mortífero de la historia, solo superado por la epidemia de África Occidental (2014-2016) —con unos 11.000 muertos— y el brote en el este congoleño (2018-2020), que dejó 2.299 fallecidos. El virus, que se transmite por contacto directo con fluidos corporales de personas o animales infectados, provoca fiebre hemorrágica grave, vómitos, diarrea y hemorragias internas, mientras la comunidad internacional observa con creciente preocupación la evolución de una crisis sanitaria que no da tregua.