Farándula

’El diablo viste a la Moda 2′ llega con glamour, críticas mixtas y un mensaje sobre el ocaso de las revistas

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Nueva York / Los Ángeles. — La esperada secuela de 'El diablo viste de Prada' se estrena este jueves en cines de todo el mundo. La película, que recupera el universo de la moda y el periodismo de lujo, llega con una mezcla de deslumbrantes modelazos, buenas interpretaciones —especialmente la de Meryl Streep como la icónica Miranda Priestly— y un trasfondo más realista: el declive de las revistas en papel en la era digital.

Sin embargo, la crítica especializada no se ha rendido a los pies del filme. Veinte años después de aquella sorpresa que supuso una bocanada de aire fresco en 2006, la secuela reutiliza los mismos elementos, pero ha perdido el factor novedoso.

Lo que dicen los críticos

El diario The Guardian la califica de «entretenida, aunque decepciona por el romance desconcertantemente aburrido y sin química de Andy con un aburrido magnate inmobiliario australiano (un papel insípido para Patrick Brammall)».

Variety, por su parte, señala que todo lo que hace la película es ser un producto para los fans de la primera entrega, pero «es difícil imaginar que esta película alcance el estatus de entretenimiento reconfortante de su predecesora».

The Hollywood Reporter coincide: los cuatro protagonistas «vuelven a ponerse en la piel de sus personajes con facilidad y desfilan con looks fabulosos», pero la película «es menos una comedia sobre el entorno laboral que un escaparate de ropa».

Y Rolling Stone apunta con ironía: «Ninguna combinación de tacones de aguja y trabajo a pie de calle al estilo tradicional puede mitigar el hecho de que la integridad, el talento, el esfuerzo y la dedicación a tratar con seriedad todo, desde la moda hasta el cine, están en peligro constante de extinción».

The New Yorker ofrece una visión más matizada: la película «vende un montón de productos absurdos, pero los vende de maravilla, con una seguridad y convicción genuinas, y la proporción justa de cinismo y esperanza». Su mensaje buenista es que lo mejor a lo que podemos aspirar es a «hacer un buen trabajo» y forjar amistades duraderas. «Pero eso es todo».

Hay medios como Deadline que directamente califican de «decepcionante» el regreso de Miranda Priestly.

El regreso del clan: de Streep a Hathaway, con cameos de lujo

Meryl Streep retoma el papel de Miranda Priestly, la temida editora jefe de Runway, personaje inspirado en la legendaria Anna Wintour de Vogue. Curiosamente, Streep aceptó el papel hace 20 años en un momento en el que incluso pensaba en su retirada. Leyó el guion, supo que iba a ser un éxito y pidió el doble del salario inicial. El filme le dio el impulso para seguir, y hoy sigue siendo una de las grandes estrellas de Hollywood.

Anne Hathaway vuelve como Andy Sachs, aquella becaria de la primera película que ahora es una prestigiosa periodista «seria» —es decir, que no se dedica a la moda—. Stanley Tucci (Nigel) sigue siendo la mano derecha de Priestly, y Emily Blunt retoma su personaje de Emily, que pasó de ser la asistente de la jefa a convertirse en una alta ejecutiva de Dior.

El reparto se completa con Kenneth Branagh (el nuevo marido de Streep), Justin Theroux (un millonario hortera), Lucy Liu (exmujer de Theroux y mecenas de arte), y cameos de Donatella Versace y una explosiva Lady Gaga.

Un espectáculo de moda sin complejos

La película no escatima en glamour: las protagonistas lucen un modelazo tras otro. Anne Hathaway declaró en una rueda de prensa con medios internacionales, entre ellos EFE: «En la primera parte de la película se veía mucha ropa de trabajo, pero esta segunda parte es un espectáculo de moda sin complejos». La trama incorpora además un elemento muy real: el declive de los medios impresos en la era digital, especialmente de revistas como Runway.


En resumen: 'El diablo viste de Prada 2′ recupera el glamour y el elenco original, pero las críticas coinciden en que se queda en un brillante escaparate de moda sin alcanzar la frescura de la primera entrega. Aun así, para los fans de Miranda Priestly y sus tacones de aguja, la cita es obligada.