Salud

El boom de la proteína arrasa en EE.UU.: de Starbucks a las guías alimentarias de Trump

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Fotografía que muestra productos en un supermercado este sábado, en Nueva York (Estados Unidos). La industria alimentaria y la administración de Trump se han volcado con la tendencia -que resuena en las redes sociales- de animar a la gente a comer más proteína para ganar músculo y perder peso. EFE/ Angel Colmenares

La proteína se ha convertido en el nuevo oro blanco de la alimentación estadounidense. Desde cafés con leche reforzados con suero en Starbucks hasta palomitas y pretzels enriquecidos, la industria alimentaria ha encontrado un filón en la obsesión nacional por ganar músculo y adelgazar. Una tendencia que, además, acaba de recibir el espaldarazo oficial del gobierno de Donald Trump.

El origen viral de una fiebre nutricional
La doctora Andrea Deierlein, directora de Nutrición de Salud Pública en la Universidad de Nueva York, observa el fenómeno con una mezcla de curiosidad y escepticismo:

"No estoy segura de dónde empezó exactamente esta fascinación reciente o cómo se contagió en redes. En mi Instagram aparecen muchísimas personas, desde médicos hasta expertos en nutrición, hablando de la proteína" .

Lo cierto es que la idea no es nueva. En 1933, un médico anunciaba en The Times que una dieta alta en proteínas con abundante carne magra era saciante y eficaz para bajar de peso. Noventa años después, la teoría resuena con más fuerza que nunca en TikTok, Instagram y ahora en las políticas públicas.

El giro gubernamental: adiós a la pirámide, hola a la carne roja
La administración Trump ha enterrado la tradicional pirámide alimentaria con la publicación de las nuevas ’Guías Alimentarias' , que bajo el lema "terminar con la guerra a la proteína" , establecen un objetivo de ingesta de entre 1,2 y 1,6 gramos de proteína por kilogramo de peso corporal al día.

El nuevo modelo, presentado por el secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr. , fomenta el consumo de:

  • Carne roja
  • Huevos
  • Mantequilla

Alimentos ricos en grasas saturadas que durante décadas las autoridades sanitarias habían instado a limitar para prevenir sobrepeso y diabetes. El giro ha encendido todas las alarmas en la comunidad médica.

La respuesta de los cardiólogos: moderación y proteína vegetal
La Asociación Americana del Corazón (AHA) , que recomienda limitar las grasas saturadas al 6% de las calorías diarias, ha respondido con celeridad:

"Animamos a los consumidores a priorizar las proteínas vegetales, los mariscos y las carnes magras. Hay que moderar el consumo de productos animales con alto contenido de grasa, como la carne roja, la mantequilla y la manteca de cerdo" .

El Comité de Médicos va más allá y destaca que los alimentos procesados de origen vegetal se asocian con menor riesgo de diabetes y enfermedades cardiovasculares, además de estar fortificados con nutrientes clave como ácido fólico y vitaminas D y B12.

El riesgo de olvidar la fibra
Deierlein, que formó parte del comité científico original para el informe de 2025 (finalmente descartado por la administración Trump), lanza una advertencia:

"Si ponemos todo el esfuerzo en la proteína animal, descuidamos otros nutrientes vitales como la fibra. Y la fibra es esencial para la salud digestiva, cardiovascular y metabólica".

La proteína como lujo: los estadounidenses pagan, pero se quejan
Un estudio de Empower titulado "The Protein is Extra" revela la paradoja económica de esta fiebre:

  • El 49% de los consumidores ve la proteína como un ingrediente de lujopor el que están dispuestos a pagar más.
  • Sin embargo, el 65% opina que la mayoría de los productos con proteína añadida tienen un precio excesivo.

En cifras:

  • Gasto medio semanal en productos proteicos: 50 dólares.
  • El 42% de los consumidores elige opciones de "doble proteína" en sus comidas.
  • Entre las generaciones más jóvenes, ese porcentaje se dispara al 57% .

Lo que la ciencia aún no sabe
Varios estudios apuntan que las dietas ricas en proteínas aumentan los niveles de hormonas como la GLP-1, que ayudan a la saciedad. Pero Deierlein advierte:

"Falta información sobre los efectos de estas dietas a largo plazo. No sabemos qué pasa cuando se mantienen durante años, especialmente en poblaciones con riesgo cardiovascular".

Conclusión: una guerra que apenas comienza
La proteína está en boca de todos, literalmente. Mientras la industria alimentaria y el gobierno Trump impulsan su consumo masivo, las asociaciones médicas llaman a la prudencia y recuerdan que el equilibrio sigue siendo la clave.

Entre el bistec y la soja, entre el suero de leche y la fibra, el estadounidense medio se enfrenta a una disyuntiva que va más allá de lo nutricional: es cultural, económica y profundamente política. Y como toda guerra, esta también tiene víctimas colaterales. En este caso, la salud cardiovascular y el bolsillo de los consumidores.