Los asesores del presidente estadounidense preferirían que Israel lance el primer ataque para justificar una respuesta contundente ante la opinión pública, según revela 'Politico'. Mientras, la diplomacia sigue su curso en Ginebra con una nueva ronda de negociaciones.
Washington — La Casa Blanca afina el lápiz y los misiles. A medida que aumentan las tensiones con Irán, los principales asesores de Donald Trump barajan un escenario incómodo pero políticamente rentable: que sea Israel quien dispare primero. La estrategia, revelada por dos fuentes internas a 'Politico', responde a un cálculo electoral tan frío como el acero de los bombarderos.
Según estas fuentes, varios miembros de la Administración han manifestado en privado que un ataque israelí provocaría casi con total seguridad represalias iraníes, lo que allanaría el camino para que Estados Unidos intervenga con el respaldo de una opinión pública ultrajada. Las encuestas indican que, aunque los estadounidenses —y especialmente los republicanos— apoyan un cambio de régimen en Teherán, se muestran reacios a arriesgar la vida de sus soldados para lograrlo. Un ataque previo contra intereses estadounidenses o de sus aliados cambiaría las reglas del juego.
Operación conjunta, el escenario más probable
Pese a la preferencia por un primer movimiento israelí, las fuentes consultadas por el medio estadounidense apuntan a que el escenario más realista sería una operación combinada entre ambos países. La magnitud del golpe sigue siendo la gran incógnita. Mientras algunos abogan por una acción limitada que fuerce a Irán a renegociar, otros contemplan un bombardeo masivo que liquide definitivamente el programa nuclear persa.
Entre los objetivos prioritarios figuran las instalaciones nucleares que sobrevivieron a los ataques de junio pasado, así como los centros de desarrollo de misiles balísticos, una preocupación recurrente para Israel y que el propio Trump mencionó en su reciente discurso del Estado de la Unión: "Ya han desarrollado misiles que podrían amenazar Europa y nuestras bases, y trabajan en otros que puedan llegar hasta Estados Unidos".
El factor Jamenei y el riesgo de las bajas
Una de las opciones más extremas sobre la mesa sería un ataque dirigido contra el líder supremo, Ali Jamenei. Sin embargo, fuentes consultadas advierten de que una operación de este tipo podría prolongarse durante días o semanas y, de basarse únicamente en ataques aéreos, ofrecería resultados impredecibles.
El temor a las bajas estadounidenses planea sobre cualquier decisión. "Si el ataque provoca un cambio de régimen, Irán responderá con todo lo que tenga. Tenemos muchos activos en la zona que no están bajo el paraguas de la Cúpula de Hierro. Las bajas son un riesgo real y conllevan un coste político altísimo", explica una de las fuentes.
La sombra de China y la vía diplomática
Mientras los halcones afilan las garras, la diplomacia sigue su curso. Este jueves se celebra en Ginebra una nueva ronda de negociaciones entre Irán y Estados Unidos, con la presencia del ministro iraní Abbas Araqchi y los enviados estadounidenses Steve Witkoff y Jared Kushner. Las conversaciones, que algunos dan ya por fracasadas antes de empezar, son vistas por los optimistas como el último tren para una solución pacífica.
Pero en los pasillos de la Casa Blanca también hay quien mira hacia el Pacífico. Una de las fuentes consultadas por 'Politico' advierte de que un conflicto prolongado con Irán podría reducir los arsenales de municiones estadounidenses y crear una ventana de oportunidad para que China actúe contra Taiwán. Un escenario que convertiría una crisis en dos y multiplicaría los dolores de cabeza de Trump.
Entre el cálculo electoral, la presión de los aliados y los riesgos geopolíticos, la decisión sobre Irán se perfila como una de las más complejas del segundo mandato del republicano. Por ahora, los misiles están en sus rampas y la diplomacia, en un delicado equilibrio.