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EE.UU. abandona su histórico respaldo a la ampliación de la Unión Europea

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Washington ha dado un giro radical en su política hacia Europa. Después de décadas de respaldo bipartidista a la ampliación de la Unión Europea —vista como un motor de estabilidad, prosperidad e influencia transatlántica—, la administración del presidente Donald Trump se ha convertido en un mero espectador de este proceso, marcando una ruptura clara con la tradición diplomática estadounidense.

Una tradición que se desvanece

Históricamente, desde el Plan Marshall y la creación de la OTAN, Estados Unidos consideró fundamental una Europa "entera, libre y en paz". Apoyar la integración europea era una apuesta estratégica: una UE más grande significaba un continente más estable, un mercado único más próspero para los negocios americanos y una menor necesidad de un despliegue militar masivo de EE.UU. en la región.

Este consenso se ha desvanecido. “Europa no está mucho en la mente de Trump fuera del contexto comercial”, explica Nicholas Lokker del Center for a New American Security. “Y no le importa mucho la promoción de la democracia en Europa o en cualquier otra parte”.

Una nueva visión: Europa como competidor, no como aliado

La postura de Trump se define por su lema "America First" y su visión de la geopolítica como una competencia entre grandes potencias (EE.UU., Rusia y China), donde Europa no cuenta. “Su hostilidad hacia Europa es tal que ve cualquier cosa que haga a Europa más fuerte como algo que hace a Estados Unidos más débil”, señala Lokker.

Esta perspectiva lleva a Trump a preferir relaciones bilaterales y a mostrar afinidad por líderes autoritarios europeos como Viktor Orbán. Según los expertos, esta administración incluso suscribe a la lógica de las esferas de influencia, lo que, en la práctica, implicaría ceder los Balcanes a la órbita rusa. “Trump no quiere debilitar a Putin”, sentencia James Bindenagel, exdiplomático estadounidense.

Ucrania: la excepción que confirma la regla

El único contexto donde la ampliación de la UE ha recibido cierta atención de Trump es Ucrania. Sin embargo, su enfoque es ambivalente. Aunque habría preguntado a Orbán sobre su oposición a la candidatura ucraniana, ha sido categórico en rechazar su ingreso en la OTAN.

Para Ucrania, la membresía en la UE se perfila como un "premio de consolación" crucial para su seguridad y reconstrucción posterior a la guerra. Una Ucrania integrada en la UE sería un contrapeso más fuerte a Rusia y podría reducir la carga de defensa de EE.UU. en Europa, un objetivo que, en teoría, se alinearía con la retórica de Trump.

No obstante, los analistas son escépticos. “Trump percibe la guerra de Ucrania como un conflicto con Rusia que desea concluir para poder presentarse más adelante como pacificador”, apunta Bindenagel. La falta de una estrategia clara y los constantes retrocesos en la política hacia Kiev dejan en el aire el futuro del apoyo estadounidense al proyecto europeo.