Por cuarto año consecutivo, la población de China ha disminuido, alcanzando en 2025 una cifra total de 1.404 millones de habitantes –tres millones menos que el año anterior–, mientras el número de nacimientos cayó a 7,92 millones, el nivel más bajo desde la fundación de la República Popular en 1949.
Estos datos confirman la persistencia de la crisis demográfica en el país, que en 2023 fue superado por India como la nación más poblada del mundo. La tasa de fertilidad se sitúa alrededor de 1, muy por debajo del nivel de reemplazo generacional (2,1), a pesar de que el gobierno eliminó en 2021 el límite de tres hijos por familia tras décadas de restricciones bajo la política del hijo único.
Medidas para incentivar la natalidad
En un intento por revertir la tendencia, las autoridades han implementado recientemente un conjunto de políticas que combinan incentivos económicos y desincentivos al control de la natalidad. A partir del 1 de enero de 2026, los preservativos y otros anticonceptivos están sujetos a un IVA del 13%, tras años de estar exentos de impuestos.
Paralelamente, se han eliminado los impuestos sobre servicios de cuidado infantil, atención a mayores y servicios vinculados al matrimonio. Además, el gobierno ofrece un “bono de fertilidad” de 3.600 yuanes (unos 430 euros) anuales por cada hijo hasta los tres años, aplicable al primer, segundo y tercer niño.
Un desafío estructural
La caída demográfica refleja cambios sociales profundos: el elevado costo de la vida, la urbanización y las carreras profesionales de las mujeres han hecho que muchas familias pospongan o renuncien a la maternidad. Aunque las medidas actuales buscan aliviar la carga económica, expertos señuan que pueden ser insuficientes para modificar tendencias arraigadas y enfrentar el acelerado envejecimiento poblacional, que supone una creciente presión sobre los sistemas de pensiones y salud.