WASHINGTON. — El presidente estadounidense, Donald Trump, aseguró este viernes que su encuentro con el mandatario chino, Xi Jinping, fue «muy productivo» y dejó entrever que la reunión podría traducirse en nuevos acuerdos entre Washington y Pekín.
«Van a pasar cosas extraordinarias», afirmó Trump en Truth Social, horas después de concluir la visita de Estado de tres días de Xi a Estados Unidos, en una cumbre dominada por la competencia tecnológica, la inteligencia artificial y el futuro de la tregua comercial entre ambas potencias.
La inteligencia artificial se convirtió en uno de los principales puntos de interés del encuentro. Trump reveló que Xi recibió favorablemente su propuesta de denominar a esta tecnología como «superinteligencia», un término que el mandatario estadounidense considera más adecuado para describir el alcance de los sistemas de próxima generación.
El tema también estuvo presente durante la cena de Estado celebrada el jueves en la Casa Blanca, que reunió a algunos de los empresarios más influyentes de la industria tecnológica estadounidense. Entre los asistentes estuvieron Elon Musk, Sam Altman, Jensen Huang, Tim Cook, Sundar Pichai, Jeff Bezos y Michael Dell.
La ausencia de Dario Amodei, director ejecutivo de Anthropic y uno de los principales impulsores de mayores medidas de seguridad para contener los riesgos de la IA, contrastó con la presencia de los defensores del rápido desarrollo de esta tecnología.
IA: cooperación limitada en medio de la rivalidad
Pese a que la inteligencia artificial ocupó un lugar central en las conversaciones, Washington y Pekín no anunciaron un acuerdo concreto para limitar o ralentizar su desarrollo.
Trump ha dejado claro que no pretende frenar el avance de la IA mientras Estados Unidos conserve la ventaja frente a China. El mandatario ha comparado el potencial de esta tecnología con el de la Revolución Industrial y la aparición de internet.
China, por su parte, intenta reducir la brecha tecnológica pese a las restricciones estadounidenses que limitan su acceso a los chips más avanzados. Pekín ha intensificado sus esfuerzos para desarrollar una industria de semiconductores propia y disminuir su dependencia de proveedores extranjeros.
El resultado es una paradoja: Estados Unidos y China reconocen la necesidad de mantener canales de comunicación sobre los riesgos de la IA mientras compiten por dominar precisamente la tecnología que ambos consideran estratégica.
Una tregua comercial que gana tiempo
En el frente económico, ambos gobiernos acordaron prolongar hasta el 10 de enero la tregua comercial que había permitido contener parte de la escalada arancelaria.
La extensión mantiene suspendidas determinadas restricciones relacionadas con las tierras raras y productos de alta tecnología, dos de los principales instrumentos de presión utilizados durante la guerra comercial.
El acuerdo no resuelve las diferencias estructurales entre las dos economías, pero concede a Washington y Pekín varias semanas adicionales para negociar sin reactivar de inmediato una nueva ronda de medidas comerciales.
Con la visita de Xi ya concluida, la relación bilateral entra así en una nueva etapa: menos confrontación inmediata, pero con la rivalidad tecnológica y económica intacta. Para Trump, el desafío será convertir la distensión en resultados concretos; para Xi, preservar la estabilidad sin ceder terreno en la competencia estratégica con Estados Unidos.