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El Mundial dejó 55.000 mensajes de odio en redes: Lamine Yamal y Francia, los blancos preferidos

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El fútbol, ese deporte que se proclama como un vehículo de integración, ha vuelto a mostrar su cara más oscura durante la celebración del Mundial 2026. El Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia (OBERAXE) ha detectado cerca de 55.000 mensajes de odio en redes sociales entre el 11 de junio y el 21 de julio, de los cuales el 52% estaban directamente vinculados a la gran cita deportiva que, paradójicamente, coronó a España como campeona del mundo.

El informe, presentado este martes por el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, desvela que los ataques se concentraron en dos blancos principales: el jugador español Lamine Yamal —de origen marroquí por parte paterna y ecuatoguineano por parte materna— y la selección francesa, objeto de comentarios discriminatorios por la diversidad étnica de su plantilla. La final entre España y Argentina actuó como un detonante adicional, intensificando los ataques contra la población latinoamericana, que, aunque solo supusieron un 15% del total, se dispararon durante el partido decisivo.

Norteafricanos y musulmanes, los grupos más golpeados
El 66% de los mensajes de odio se dirigieron contra la población norteafricana, especialmente en relación con la selección de Marruecos, mientras que el 13% atacó a las personas musulmanas, reproduciendo estereotipos y discursos excluyentes. El observatorio subraya que el 74% de los mensajes incluían contenidos que atentaban contra la dignidad de los grupos diana mediante la deshumanización, y que el 50% empleaba lenguaje explícitamente violento. Un 40% de los discursos calificaban a los migrantes o a las personas de ascendencia extranjera como un "lastre" para la sociedad, y un 15% pedía directamente su expulsión del territorio español.

El deporte como altavoz del odio
La conclusión del OBERAXE es contundente: el Mundial de fútbol, lejos de ser un espacio de convivencia, puede convertirse en un caldo de cultivo para la difusión de prejuicios racistas y xenófobos que trascienden el ámbito deportivo. Los datos evidencian que la competición, en lugar de unir, ha servido para canalizar y visibilizar discursos de exclusión que, amparados en la anonimidad de las redes, encuentran en los estadios y en la pasión futbolística un escenario perfecto para propagarse.