París/Budapest.– A pocos días de unas elecciones legislativas que podrían poner fin a 16 años de dominio de Viktor Orbán, un escándalo de espionaje sacude los cimientos políticos de Hungría y enciende las alarmas en Bruselas. Varios medios de Europa del Este publicaron esta semana transcripciones de conversaciones telefónicas en las que el ministro de Exteriores húngaro, Péter Szijjártó, supuestamente ofrece a su homólogo ruso, Serguéi Lavrov, acceso privilegiado a información estratégica de la Unión Europea. La frase que más duele: "Estoy a su servicio".
El ministro francés de Asuntos Exteriores, Jean-Noël Barrot, no se mordió la lengua. En declaraciones a 'France Inter', calificó los hechos como "una grave infracción" y "una traición a la necesidad de solidaridad entre los países de la Unión Europea". Barrot advirtió que las divisiones internas debilitan al bloque en un momento de máximas tensiones geopolíticas, con la guerra en Oriente Medio y el conflicto en Ucrania aún latente.
Las filtraciones: "información estratégica" en bandeja
La investigación, publicada a finales de marzo por un consorcio que incluye a 'The Insider', 'VSquare' y 'Delfi', se basa en grabaciones y transcripciones de llamadas telefónicas. Según los documentos, Szijjártó, hombre de confianza de Orbán, habría ofrecido a Moscú "información estratégica sobre cuestiones cruciales" discutidas en reuniones de la UE en Bruselas. En una de las conversaciones, el ministro húngaro se dirige a Lavrov con una frase que ha dado la vuelta al mundo: "Estoy a su servicio".
Barrot recordó que las reuniones en Bruselas tienen diferentes formatos, algunos con asesores y otros más restringidos, y que la confianza entre socios es esencial. "Por eso pedimos a Orbán no solo que cumpla su palabra, sino también que haga respetar el principio de solidaridad", añadió, en un mensaje directo al primer ministro húngaro.
La respuesta de Budapest: "Injerencia extranjera"
Szijjártó no tardó en reaccionar. En un comunicado publicado en Facebook, denunció "injerencias extranjeras" en la campaña electoral húngara y aseguró que sus llamadas fueron interceptadas por "servicios secretos extranjeros" que las hicieron públicas "en interés de Ucrania". El ministro calificó el asunto como "un escándalo muy grande", pero en sentido inverso: para él, la filtración es un intento de influir en los comicios del domingo.
La polémica estalla en el momento más delicado para Orbán. Los sondeos independientes dan ventaja al partido Tisza, liderado por el conservador proeuropeo Péter Magyar, mientras que las encuestas progubernamentales siguen situando en cabeza a la coalición Fidesz-KDNP. Lo que está en juego no es solo el Parlamento húngaro, sino la dirección de un país que ha sido el más crítico con el apoyo de la UE a Ucrania y el más cercano a Moscú.
El dilema europeo: ¿unidad o vasallaje?
La advertencia de Barrot no puede ser más explícita: "Si queremos ser fuertes en un mundo en el que surgen nuevos imperios, debemos estar unidos y ser solidarios. A veces tenemos desacuerdos entre nosotros, incluso desacuerdos estratégicos. Pero es la unidad lo que debe prevalecer; de lo contrario nos convertiremos en vasallos, en juguetes de imperios a los que nos negamos".
El jefe de la diplomacia francesa no mencionó a Rusia explícitamente, pero la alusión a "nuevos imperios" y a no convertirse en "vasallos" es clara en el contexto de las filtraciones. La UE ha mantenido una postura de firme apoyo a Ucrania y de sanciones contra Moscú, pero Hungría ha sido repetidamente un freno, bloqueando ayudas y manteniendo relaciones fluidas con el Kremlin.
Un domingo decisivo para Hungría y para Europa
Las elecciones legislativas del domingo no solo decidirán si Orbán continúa en el poder, sino si Hungría profundiza su giro iliberal y prorruso o da un viraje hacia el consenso europeo. Las filtraciones, sean ciertas o parte de una operación de influencia, han puesto el foco en la política exterior húngara como nunca antes.
Mientras Bruselas observa con preocupación, Orbán y Szijjártó juegan sus cartas: denunciar la "injerencia", movilizar a su base y confiar en que el miedo al cambio les dé la victoria. Pero la sombra de las conversaciones filtradas planea sobre la campaña. Y la frase "Estoy a su servicio" resuena en cada capital europea como un recordatorio de que la unidad del bloque no se da por descontada, sino que se construye día a día, con confianza. Una confianza que, según Francia, Hungría ha roto. El domingo, los húngaros decidirán si le otorgan un cheque en blanco a Orbán para seguir ese camino o si prefieren un rumbo distinto. Europa entera mira hacia Budapest. Y no solo por los escaños, sino por el alma de la Unión.