Economía

La FAO advierte que el cierre de Ormuz podría desatar una crisis peor que la del COVID-19

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Roma.– El estrecho de Ormuz no es solo una vía marítima. Es la aorta energética del planeta. Y su cierre, que ya cumple semanas, amenaza con convertirse en un aneurisma económico global. El economista jefe de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el peruano Máximo Torero, lanzó este viernes una advertencia que debería helar la sangre de cualquier responsable político: si el bloqueo se prolonga entre 30 y 60 días más, las consecuencias en la producción y los precios de los alimentos podrían ser "más serias que la crisis que se vivió durante la pandemia del COVID-19″.

"Si no tenemos cuidado", matizó Torero en una entrevista con EFE en la sede de la FAO en Roma, "el efecto cascada será devastador".

El 35% del petróleo mundial, atrapado tras una llave

Por el estrecho de Ormuz circula el 35% del petróleo que consume el mundo. Pero también entre el 20% y el 30% de los fertilizantes globales, el 20% del gas natural y el 45% del sulfuro. Todos ellos son insumos imprescindibles para la agricultura y la producción de alimentos. Sin ellos, los campos se vuelven estériles, las cosechas se reducen y los precios se disparan.

En apenas un mes de conflicto, los fertilizantes ya se han encarecido un 50%. Los primeros países en sentir el golpe son aquellos que están en pleno periodo de siembra y dependen de importaciones: Bangladesh, India, Sri Lanka en Asia; Sudán y Kenia en África. La FAO los califica como "de mayor emergencia" en este momento.

El efecto cascada: de los agricultores a la mesa de los consumidores

Pero si el conflicto se prolonga más allá de los dos meses, la onda expansiva alcanzará a los grandes exportadores de alimentos: Brasil, Argentina, Estados Unidos y Australia. Estos países, advierte Torero, "sí marcan la oferta mundial de alimentos". Y sus productores, ante la subida de precios y los bajos márgenes actuales, tendrán que tomar decisiones drásticas: cultivar lo mismo con menos insumos (lo que reduce el rendimiento), sembrar menos hectáreas o cambiar a cultivos menos intensivos.

El impacto de esas decisiones no se verá de inmediato, pero llegará. "Los efectos sobre los precios se percibirán a mediados y finales de este año", explica el economista. Para entonces, el ciudadano de a pie —el que hoy llena su carrito de la compra sin pensar en Ormuz— empezará a notar que su dinero ya no le alcanza para lo mismo.

Más allá del combustible: plantas de energía y desalinizadoras en la mira

Torero recuerda que el conflicto no solo ha cerrado el estrecho. Los ataques también han alcanzado plantas de energía e infraestructuras de desalinización en la región. Eso significa que la recuperación económica, cuando llegue, será más lenta y costosa. Además, los propios países del Golfo —grandes importadores de alimentos— han visto desaparecer parte de su demanda, lo que añade otra distorsión al mercado global.

"No nos damos cuenta de la magnitud"

El economista jefe de la FAO insiste en que no se trata de sembrar pánico, sino de abrir los ojos. "No nos damos cuenta de la magnitud de lo que esto puede ser", afirma. Y lanza un mensaje claro: hay reservas de alimentos, pero el problema no es la comida almacenada, sino el costo de los insumos para producir la siguiente cosecha. "Y la solución en este caso es abrir el estrecho de Ormuz".

Torero recuerda que, hace diez años, un cierre como este habría tenido un impacto "muchísimo mayor". La diversificación del mix energético global ha servido de amortiguador. Pero no es suficiente. "Es el momento de invertir en agricultura sostenible y con distintas fuentes de energía e insumos", concluye.

Una crisis que se cocina a fuego lento

El índice de precios de los alimentos de la FAO publicado este viernes ya refleja la tensión: en marzo promedió 128,5 puntos, un 2,4% más que en febrero y un 1% por encima del mismo mes de 2023. Son números que anticipan una tendencia.

Si el conflicto se prolonga más de 60 días, advierte Torero, la productividad de 2027 se verá afectada. "Mientras más países caigan en esa cascada, peor va a ser la situación para el próximo año". La pandemia del COVID-19 dejó cicatrices económicas que aún no han sanado. Ahora, una guerra lejana en el Golfo Pérsico amenaza con abrir una herida más profunda. Y esta vez, no habrá vacuna que la cure. Solo la apertura del estrecho —o la resignación a un mundo donde los alimentos serán un lujo para unos pocos.