Una nueva investigación publicada en la revista ‘Nature Medicine’ concluye que cerca del 40% de los nuevos casos de cáncer en el mundo podrían prevenirsesi se controlaran factores de riesgo modificables, siendo el tabaquismo la causa principal, por delante de infecciones como el VPH y el consumo de alcohol.
El estudio, basado en datos globales de 2022, analizó 36 tipos de cáncer en 185 países y evaluó el impacto de 30 factores de riesgo evitables, ofreciendo la visión más completa hasta la fecha sobre las causas prevenibles de esta enfermedad.
Datos clave del estudio:
- De los 18,7 millones de nuevos casosde cáncer registrados en 2022, aproximadamente 7,1 millones (38%)estuvieron relacionados con factores prevenibles.
- El tabaquismo fue responsable del 15% de todos los casos evitables, consolidándose como el principal factor de riesgo a nivel mundial.
- Las infecciones, como el virus del papiloma humano (VPH), representaron el 10%.
- El consumo de alcohol estuvo detrás del 3% de los casos prevenibles.
Diferencias por género y región:
- En mujeres, más del 11% de los casos prevenibles se vincularon a infecciones, destacando el cáncer de cuello uterino.
- En hombres, el tabaquismo explicó casi el 25% de los casos evitables.
- Las regiones de ingresos bajos y medios, como el África subsahariana, presentaron mayor incidencia de cánceres vinculados a infecciones.
- En países de altos ingresos, principalmente en Europa y Norteamérica, el tabaco siguió siendo el factor dominante en ambos sexos.
Objetivo: estrategias de prevención adaptadas
Los investigadores enfatizan que estos hallazgos deben servir para diseñar estrategias de prevención específicas para cada región, en lugar de aplicar un enfoque uniforme a nivel global.
“Controlar el tabaquismo, las infecciones prevenibles y el consumo excesivo de alcohol podría reducir drásticamente la carga mundial del cáncer”, señalan los autores, subrayando la necesidad de políticas públicas focalizadas en los factores de riesgo predominantes en cada zona.
Este estudio refuerza la evidencia de que una parte significativa del cáncer no es solo una cuestión de genética o mala suerte, sino que está profundamente ligada a hábitos y exposiciones que pueden modificarse con intervenciones sanitarias efectivas y acceso a servicios de prevención.