Salud

Bebidas funcionales: ¿elixir de bienestar o simple efecto placebo?

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Al recorrer los pasillos de un supermercado en 2025, es probable que te hayas topado con latas coloridas que prometen “calma” y “concentración”.

Son las llamadas bebidas funcionales, que suelen incluir ingredientes de nombres curiosos: ashwagandha (una hierba medicinal), melena de león (un tipo de hongo), además de compuestos vegetales, vitaminas y minerales que aseguran mejorar el bienestar mental de forma natural.

Su popularidad se ha disparado en los últimos años: según Grand View Research, el mercado global de estas bebidas alcanzará los 248,51 mil millones de dólares (212 mil millones de euros) en 2030. El auge responde también a un cambio cultural: un estudio de YouGov reveló que el 44 % de los británicos de 18 a 24 años prefiere bebidas bajas o sin alcohol.

“Estos productos encajan perfectamente en la cultura del bienestar actual, donde la gente busca soluciones prácticas para cuidar su salud mental y física”, explicó a Euronews Health la dietista Nicolle Cucco, también entrenadora certificada.

Con un mundo cada vez más acelerado, la idea de una solución rápida y bebible resulta atractiva. Y si a eso se suman el marketing en redes sociales, la estética cuidada y el aumento del estrés, el fenómeno parece inevitable.


¿Funcionan de verdad?

Las bebidas funcionales son aquellas que incorporan ingredientes con beneficios extra para la salud mental o física. Desde el café hasta la infusión de manzanilla, los humanos siempre las han consumido, pero marcas como TRIP o Huel han convertido este hábito en un negocio multimillonario.

Fundada en 2019, TRIP ganó notoriedad con sus latas en tonos pastel e infusiones de CBD (un compuesto del cannabis). Sus fórmulas incluyen además L-teaninamagnesio y ashwagandha.

“Existe evidencia prometedora para algunos ingredientes, aunque limitada”, señala Cucco. “La ashwagandha y la L-teanina han mostrado beneficios en ensayos clínicos, sobre todo para reducir el estrés y mejorar la atención. El magnesio es más estudiado, pero solo funciona si hay deficiencia: tomar más de lo necesario no aporta beneficios”.

Esta incertidumbre ha generado escepticismo y polémicas. En julio, un anuncio de TRIP fue prohibido en Reino Unido por sugerir que su bebida de pepino y menta podía reducir la ansiedad, una afirmación sin respaldo científico según la Advertising Standards Authority (ASA).

“Si un producto asegura calmar o aliviar la ansiedad, esas promesas deben estar respaldadas por evidencia”, advirtió la dietista Lena Bakovic.


Entre placebo y expectativa

Los expertos coinciden en que parte del atractivo de estas bebidas radica en el efecto placebo: si crees que algo te relajará, tu cerebro puede realmente percibir menos estrés. Esto no las vuelve inútiles, pero sí amplifica la influencia de la expectativa sobre el resultado.

Las redes sociales han impulsado la tendencia, con influencers promocionando bebidas vitamínicas como si fueran soluciones rápidas a problemas complejos. Sin embargo, los especialistas advierten que no son tratamientos médicospara condiciones como la ansiedad generalizada o el TDAH.

“Disfrutarlas dentro de un estilo de vida saludable no suele ser dañino, salvo para tu bolsillo —un paquete de 12 latas puede costar hasta 27 euros—, pero no deben sustituir a un tratamiento profesional”, concluye Cucco.

Su consejo final: “Detente, investiga y entiende qué estás consumiendo. Algunos ingredientes pueden ser útiles, otros no tanto. Ser consciente siempre será la mejor decisión”.